OPINIÓN / FERNANDO JÁUREGUI

Tic-Tac… y faltan 110 días

Tic-Tac... y faltan 110 días
Mariano Rajoy y Pedro Sánchez. ET

«Nuestro reto es ganar las elecciones, vamos a volver a ser el primer partido de España». Pedro Sánchez, en el palacio de congresos de Valencia, clausuraba este domingo una conferencia autonómica de su partido a la que asistieron algo más de dos mil personas, con algunas notables ausencias, la primera de ellas la de Susana Díaz, que dijo estar enferma para justificar su inasistencia a esta ‘cumbre’ que quería ser un pistoletazo (más) de salida cuando faltan ciento diez días para las elecciones municipales y autonómicas.

Aunque muchos menos sean los que faltan para que los andaluces vayan a las urnas, primera ocasión para que los socialistas recuperen posiciones en la Comunidad más grande y populosa de España, batiendo a Podemos, por un lado, y al Partido Popular, por otro. ¿Podrán hacerlo?

Bueno, al menos Pedro Sánchez, que cultiva un cierto parecido físico con Alexis Tsipras, el ahora primer ministro griego, pero que en privado se muestra muy distanciado de sus propuestas, sí parece creer en sus posibilidades y, de paso, en las de su ahora no tan cercana Díaz.

Cuya victoria en Andalucía necesita vitalmente Sánchez para relanzar su propia campaña de cara a mayo y, luego, a noviembre. Porque sí, será él el candidato frente a ese mismo Rajoy con quien esta semana concluirá, se cree, un acuerdo contra el terrorismo yihadista.

Un acuerdo del que, desde luego, nada se habló en la ‘cumbre’ socialista, en cuyos pasillos se detectaba una no pequeña contestación al pacto, sea el que fuere, con el PP: quizá por ello, Sánchez no quiso departir sobre la cuestión con los periodistas que se lo solicitamos mientras los ‘fans’ le atosigaban con ‘selfies’ y acuchones por los pasillos del palacio de congresos valenciano.

De hecho, más que referirse a pactos puntuales con Rajoy, Sánchez se dedicó a ‘dar leña’ abundante ‘a la derecha’, que, de la mano de Rajoy, «ha convertido la pesadilla del mileurismo en un sueño inalcanzable». Sánchez, en sus mítines de los próximos cien días, hablará mucho de la ‘gente corriente, que lo pasa mal’ y no de grandes cifras macroeconómicas.

Hablará del «Gobierno retrógrado» de la derecha, y menos del fraccionamiento de una izquierda con la que aún no sabe si tendrá que pactar, porque el pacto con esa misma derecha es, repito, definitivamente mal visto por las bases socialistas.

Y Sánchez parece entenderlo, si bien tampoco le disgustan los elogios que le llaman ‘hombre de Estado’ por pactar las medidas antiterroristas con el inquilino actual de La Moncloa, aunque bien sabe que tales elogios vienen, precisamente, ‘de la derecha’.

«A quien teme el PP es al PSOE, no lo olvidéis; en ganas de ganar a la derecha no nos gana nadie», dijo, en velada alusión a eso que llaman el ‘sandwich’ entre el PP y Podemos, que trata de anular la opción socialista.

A Sánchez le llaman en estos mítines, como a Pablo Iglesias en la Puerta del Sol, «presidente». Pero él ni citó expresamente a Podemos: se despachó, sobre todo, con Rajoy, con quien quiere verse cara a cara por la conquista de La Moncloa, obviando otras opciones ‘posibles’.

Yo diría que esa va a ser la estrategia preelectoral del PSOE mientras el tic-tac del reloj imaginario que Pablo Iglesias ha puesto en marcha en su carrera hacia el poder sigue marcando las horas, descontando las que faltan hacia esas urnas que van a copar los titulares noticiosos de este año que todos, al menos los que aspiran a llegar al poder, reclaman como ‘el del cambio’.

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