Carlos Carnicero

Ahogados por las encuestas.

Podemos se ha situado en el centro del escenario, con los focos pendientes de sus movimientos. Aparecen agujeros negros, como los impuestos que no pagó Monedero, o las espantadas de Tania Sánchez que ha abandonado Izquierda Unida para buscar un camino directo a Podemos.

Las encuestas dictaminan que los votantes de Podemos quieren el castigo a los otros partidos. Es un voto reactivo, desafecto con la ideología y muy permisivo. No quieren que se les caiga demasiado rápido la utopía. No quieren ver los inconvenientes ni creen en recetas que no conocen. Y el Partido de Pablo Iglesias modula su discurso para no espantar a casi nadie. Se expande y se consolida.

Hay una verdad sociológica robustecida en los tiempos de incertidumbre. Ningún escenario es descartable porque las mutaciones son imprevisibles. Parece claro que el sistema bipartidista es cosa del pasado. Salvo que uno de los dos grandes partidos desaparezca. Torres mucho más grande se han precipitado en el vacío.

Mariano Rajoy ejerce de don Tancredo. Ve el toro en la plaza y se queda quieto para ver si consigue pasar desapercibido. Todavía no ha desojado la margarita de Esperanza Aguirre, en un gesto de autoridad o de indecisión. Las grandes plazas están en venta. No hay pronostico distinto de la imprecisión.

Quien peor lo tiene es el PSOE. Las viudas de Zapatero, como dice Joaquín Leguina, trabajan en la sombra, segando la hierba bajo los pies de Pedro Sánchez. A los Barroso no les ha secado el apetito de poder conseguir ser millonarios. Esa es la verdadera herencia de Zapatero: la destrucción.

Andalucía se ha convertido en la esperanza blanca del PSOE. Susana Díaz tiene una posibilidad de ganar porque Podemos no tiene cara en la comunidad y el candidato del PP está todavía por hacer.

Si en Marzo el PSOE tiene un buen resultado en Andalucía volverá a ser visible y podrá ser escuchado en el resto de España. Si Andalucía inaugura el efecto real de Podemos y se vuelve ingobernable, el tablero habrá saltado antes de las municipales.

Las encuestas detectan tendencias pero no garantizan resultados. Menos en tiempos de volatilidad, incertidumbres. Ya no quiero leer más encuestas. Me quedo tranquilo esperando los primeros resultado, con la sensación de asistir al misterio de la historia de que las cosas que pueden suceder terminan por ocurrir. No hay nada nuevo. Los grandes cambios producen grandes mutaciones. Y en eso estamos.

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