Esther Esteban

Aborto y menores

A partir de ahora las menores de edad no podrán abortar sin permiso y el conocimiento de sus padres o sus tutores legales. El Gobierno rectifica así la parte más polémica y que más rechazó provocaba de la regulación socialista del aborto -aprobada en marzo de 2010 con apoyo de todos los grupos excepto el PP- y se da un tiempo para ver que dice el Tribunal Constitucional, tras el recurso que en su día presentaron los populares contra la Ley Aido. Para algunos, especialmente para las asociaciones Provida y otros colectivos conservadores Rajoy incumplirá su compromiso electoral «de cambiar el modelo de la regulación del aborto para reforzar la protección del derecho a la vida», como repetía machacona Alberto Ruiz Gallardon, pero hay que reconocer que el asunto -que por cierto le costó el puesto al exministro de Justicia- levantaba muchas ampollas y provocaba divisiones profundas en el seno del PP. Así pues lo razonable y lo sensato, ya que el tema no responde a una gran demanda social en nuestro país, es abordar la cuestión más polémica y esperar el dictamen del alto tribunal.

Como madre yo no concibo, ni por asomo, la posibilidad de que una hija mía se sometiera a un aborto si poderla acompañar o aconsejar en un tema tan importante. Ese era sin duda un tema muy discutible, que en su día tampoco contó con el apoyo de muchos sectores socialistas y de hecho el que se incluyera este asunto en la ley sobre la regulación voluntaria del embarazo sirvió de excusa para que la reforma fuera duramente criticada por propios y ajenos. A partir de ahora, si una mejor quiere someterse a una interrupción del embarazo necesitara el «consentimiento expreso de los titulares de la patria potestad», según figura en la proposición de ley orgánica presentada para su tramitación en el Congreso de los Diputados.

De momento pues no se ha sustituido la vigente ley de plazos por una ley de supuestos en la que se regularía taxativamente los motivos por los que las embarazadas pueden abortar, en vez de que esa decisión sea por voluntad propia de las mujeres en unos plazos determinados. Esto es precisamente el quid de la cuestión y lo que causa más polémica entre los sectores conservadores. Una modificación de este calado se tendría que hacer con una base de consenso prácticamente imposible en un tema tan delicado y provocaría una profunda división social.

Sea como fuere hablar del aborto de una manera fría y distante, como una simple cifra en una estadística, causa muchísimo pudor. Abortar es un tema terrible y sólo la mujeres que lo hemos padecido -yo misma sufrí un aborto natural a los seis meses de embarazo- sabemos la sensación de vacío y de fracaso que te queda. No me atrevo a juzgar ni nunca lo haré a una mujer que toma la decisión de no tener a su hijo por los motivos que fuere, pero el común denominador en todas ellas es la tristeza que te deja un hecho así. Por eso no concibo que de un asunto tan delicado se haga electoralismo barato y siempre he sentido un enorme rechazo cuando he visto como los partidos políticos por un puñado de votos se lanzan este asunto a la cara. También por eso me parece que una niña de 16 años nunca, nunca puede pasar por un trance así sin la compañía de sus padres. Aplaudo pues la decisión del Gobierno y auguro que todo se quedará en esta pequeña reforma. Mucho, mucho, mucho ruido mediático pero al final pocas nueces. Mejor así.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído