Antonio Casado

Monedero, opaco

Solo de un ego inflamado como el de Juan Carlos Monedero, número tres de Podemos, puede salir semejante necedad. Dice víctima de una conspiración apadrinada por «el Régimen del 78». No anda mal de abuelas la criatura. Hasta el punto de endosar a una categoría político-jurídica, inmaterial por su propia naturaleza (el Régimen del 78) la capacidad de urdir una conjura para desprestigiarle. Me recuerda a esa otra necedad de los servicios meteorológicos de la televisión pública catalana cuando anuncian nieve, tormentas o calor «al sur del Estado».

Monedero citó a la Prensa para explicar origen, causa y efectos fiscales de los 425.000, cobrados del Banco del Alba (Venezuela, Ecuador, Cuba, Bolivia y Nicaragua) y le salió un mitin que multiplicó las dudas sobre los servicios prestados por Monedero a ese bloque populista latinoamericano. Eso sí, se perdió en detalles sobre cómo el Régimen del 78 había dirigido todas las baterías contra él en una «caza de brujas» orientada a frenar el irresistible avance de Podemos en las encuestas, recientemente acreditado por la masiva concentración del 31 de enero y el triunfo electoral en Grecia del partido amigo, Syriza.

Dijo que los 425.000 euros los recibió por la prestación de un servicio profesional. No hay por qué ponerlo en duda, a pesar de que sabemos de ese trabajo solo porque lo dice él, pues no hay contrato previo a la prestación del servicio, y a pesar de que sigue sin explicar por qué cobra en 2013 por trabajos hasta diciembre de 2014. Vale, no pongamos en duda que cobrase por hacer un trabajo profesional, aunque nadie lo haya visto. Pero al menos hay razón suficiente para negar credibilidad a sus prédicas favorables a la transparencia de otros.

Tampoco será creíble cuando defienda la solidaridad fiscal en sus aspiraciones de futuro gobernante. Se supone a un dirigente de izquierda su fe en esta herramienta clásica de la redistribución de recursos de forma que éstos lleguen a las capas desfavorecidas, pero si el paradigma de esas convicciones -la transparencia y también el modelo fiscal- es Monedero, el partido de Pablo Manuel Iglesias tiene ahí su segundo gran problema. El otro es el de la afinidad con el régimen bolivariano de Venezuela. Sus dirigentes se irritan si alguien se lo recuerda. Les viene fatal. Pues que pasen a sus seguidores la consigna de eludir la cuestión, pero quienes no vamos de seguidores suyos, y además tenemos ojos y oídos, andamos sobradísimos de pruebas.

Y no vale la tramposa comparación que cierta cadena televisiva hacia este domingo con la supuesta afinidad del entonces presidente del Gobierno, José María Aznar con el entonces presidente de Venezuela, Hugo Chavez. No se puede comparar el acercamiento de Monedero al chavismo, por devoción, con el arropamiento de un presidente del Gobierno a los intereses de empresas españolas instaladas en Venezuela, porque era su obligación. Y conste que José María Aznar no fue ni lo será nunca santo de mi devoción, pero lo uno no quita lo otro.

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