Esther Esteban

Falsa moral y prostitución.

¿Puede la prostitución seguir estando en un limbo legal en nuestro país?. La pregunta, planteada muchas veces, tiene una respuesta en la sentencia dictada por un juez de lo Social de Barcelona que reconoce derechos laborales a quienes practican esta actividad. La resolución judicial, tal como se ha publicado estos días en los periódicos, carece de precedentes en nuestro país y trata la prostitución como una ocupación laboral ordinaria, con los derechos y obligaciones que de ello se derivan: las prostitutas podrían firmar contratos, cotizar a la Seguridad Social y pagar impuestos. Así ocurre en Alemania, Holanda o Dinamarca. Según dice el juez considerar esta actividad indigna, «responde a una valoración de tipo moral que no puede imponerse al libre arbitrio individual y que sólo sería predicable de las condiciones en las que se ejerce». Paradójicamente este fallo se produce a instancias de la Seguridad Social o lo que es lo mismo es el propio Estado quien se posiciona del lado de las prostitutas y de hecho ya en 2014, el producto de su actividad económica fue introducido en los cálculos del PIB, creando una fuerte controversia.

Tengo que reconocer que para mi es muy complicado posicionarme claramente a favor o en contra de la legalización de la prostitución por lo que esta significa y esconde. Tengo la plena convicción de que detrás de las mayoría de las mujeres que se prostituyen lo que hay es una historia de abuso, explotación, marginación, trata de blancas y otros muchos tipos de vejaciones y dramas humanos. Es verdad que hay casos en que algunas mujeres han decidido optar, libremente, por el ejercicio de lo que se denomina «el oficio más viejo del mundo» y que conciben esto como una profesión más lo cual, más allá de las cuestiones morales, merece todo el respeto.

El tema es si por cuestiones morales se puede mantener, al margen de la mínima protección social y jurídica necesaria a un colectivo -cifrado en la menos 300.000 personas en nuestro país- que condena a muchas mujeres a vivir expuestas a situaciones de riesgo para su salud y también a convivir con la marginación y la delincuencia. Es verdad que en España no existe una ley que impida la prostitución ni tampoco que la legalice, y de ahí que esto sea campo abonado para muchos tipos de delitos y de redes criminales que comercializan con el sexo. El asunto es que sabemos que hay una serie de redes criminales y proxenetas que esclavizan a estas mujeres -muchas de las cuales trabajan en condiciones de auténtica explotación- y aunque la solución no es una sola, si se regularan de alguna forma los servicios sexuales que se ofrezcan de forma voluntaria -como ocurre en otros países de nuestro entornó- además de sacar muchas prostitutas de la calle también se pondría perseguir mejor y de forma más implacable a estos explotadores.

Sea como fuere tengo muchas dudas sobre que sería lo mejor en este asunto. Comparto las resoluciones del parlamento europeo cuando dicen que la prostitución es una violación de la dignidad humana y también las tesis de quienes dicen que nadie vive mejor sin derechos y que estas mujeres no pueden estar desprotegidas. Habrá que buscar puntos de coincidencia entre ambas posturas y así tal vez las cosas en este espinoso asunto se aclaren más allá de una sola resolución judicial .

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído