AndrŽs Aberasturi

De la izquierda, un ministro y un sindicato

Cuando se escribe para una agencia como es mi caso, al final uno nunca sabe para quién escribe; ni tan siquiera sabes cuándo aparecerá la columna -si es que es una columna- porque entre los digitales y el papel te quedas en un terreno de nadie. Cuando pisabas por primera vez un redacción y te encargaban redactar pequeñas notas, la confusión típica de los primeros días era el hoy por el mañana, el ayer por el hoy porque el lector vivía para ti con 24 horas de retraso. Valga esta confesión para explicar que me gustó el titulo que puse el pasado viernes/sábado a la columna o lo que sea: «Pisando charcos»· Y esta es mi intención -vieja como la misma profesión- al final de la semana: sobrevolar lo ocurrido y pisar los charcos en los que seguramente merece la pena mojarse un poco para bien o para mal.

Y si de algo andamos sobrados los españoles es de charcos. No sólo los que tenemos aquí sino los que nos montamos casi-fuera, es decir en esa Europa de la que formamos parte sin dejar de ser nosotros. Y ha sido precisamente en Bruselas donde la izquierda de siempre ha dado la nota incongruente votando en contra de una resolución aprobada por amplísima mayoría en el parlamento europeo: pedir al gobierno venezolano -sin imponer sanciones de ningún tipo ni amenazas, ni nada más que eso, una petición seria- un poquito de democracia, un poquito de libertad de expresión, un poquito de respeto a los derechos humanos y ningún preso político. Pues frente a algo tan absolutamente elemental como eso, han votado en contra Izquierda Unida y, naturalmente, Podemos, hablando desde dentro de casa. BILDU también, pero no merece la pena ni comentarlo.

Lo de la izquierda con las dictaduras comunistas es para hacérselo ver. Es que no existe un sólo argumento que justifique una dictadura ni una falsa democracia que mete en la cárcel a la oposición. Pues no hay forma. Siguen justificando y defendiendo lo que no tiene ni defensa ni justificación. Y no sólo lo piensan, es que lo dicen; el gran Errejón, hace un año, se despachaba con estas palabras: »Venezuela no está sola. En el sur de Europa necesitamos de ese viento cálido latinoamericano que borre a tanto canalla. Les queremos. Chavez vive, la lucha sigue» Pues casi que no, profesor. Pase lo del viento cálido, pero que la lucha no nos traiga alcaldes ni opositores encarcelados por pensar distinto.

Aunque para charcos lamentables, en los que se metió el ministro de Defensa con palabras y gestos. De los gestos se disculpó pero no de sus palabras. No está hecho Morenés para batallas dialécticas ni los ejércitos -me temo que todos los ejércitos- para aceptar la igualdad entre hombres y mujeres. Cada vez mejora esa relación pero si en la sociedad civil aun queda tanto por recorrer, me temo que en el ámbito militar los residuos machistas son más que residuos. La inmensa mayoría respeta -mejor o peor- esta nueva realidad pero cuando alguno no lo hace, cuando se abusa y se prueba que ha abusado, lo que no vale es ponerse de su lado. En ese charco, señor Ministro, se va a encontrar muy solo porque no huele bien.

Y para elegir un último rincón -habría tantos- me fijo en la pertinaz vocación de la UGT en pillar lo que sea de dónde sea. ¿Que hay dinero para cursos de formación? Se pilla y ya nos inventaremos luego los cursos. ¿Que hay unos euros por hacer ERES? A por ellos y metemos de matute a unos cuantos compañeros tengan o no que ver con las empresas. Y ahora la sorpresa del roscón: ya que alguno de los nuestros tienen tarjetas opacas en Caja Madrid, pues allí cargamos nuestra propaganda los gastos de hoteles, que salen por un pico. Y esto son los representantes de los trabajadores. Señor, qué cruz.

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