Esther Esteban

El día de la marmota catalán

Dice, en privado, un político muy conocido que esto de Artur Mas y su «raca raca» es como la película de ‘El día de la marmota’, y no le falta razón. Desde qué llegó al poder, y a falta de un proyecto político para sacar a los catalanes de la crisis y sus devastadoras consecuencias, se buscó un mono al que darle leña: el Gobierno español, y una excusa de mal pagador y mal gobernante, el famoso «España nos roba». Mientras que sobre su padre político, Jordi Pujol, se reescribe una biografía del mangante plagada de «mordidas» y decepciones, su sucesor intenta, como puede, buscarle una explicación inexistente a su falta de olfato y criterio estratégico y político, ese desatino que le ha hecho la campaña electoral a sus adversarios de ERC, poniéndoles en bandeja la tostada electoral para que la degluta por todos los frentes.

Su última ocurrencia de Semana Santa ha sido reconstruir el frente soberanista para declarar la independencia unilateralmente 18 meses después de las elecciones del 27 de septiembre. Artur Mas y su socio de gobierno, Oriol Junqueras, han publicitado una hoja de ruta con el apoyo de algunas organizaciones civiles que es, desde cualquier punto de vista, ilegal e inviable, una entelequia irrealizable impropia de cualquier democracia que se precie. En su sueño ideal, conscientes de que deben calentar el ambiente porque el suflé independentista baja a marchas forzadas –se imaginan una República bananera catalana en la primavera del 2017–, se han unido un iluminado –Más– y un convencido –Junqueras– que le utiliza como un pelele a su antojo sabiendo que, sin despeinarse, se llevará la parte del león. Como jugada hay que reconocer que ERC es caballo ganador, porque no sólo es la marca auténtica, frente a una mala copia, sino que ha conseguido romper a sus adversarios y que CIU se quede sólo el CDC.

Nadie, cuando Mas fue elegido president gracias a la Constitución española que dice detestar, pensó que podría llegar tan lejos. Cada vez que yo le entrevistaba me decía que le apretaban las costuras del traje de España, pero no hasta el punto de que le estallaran, y menos que él las pensara reventar unilateralmente. No hace tanto, el señor Mas tenía una opinión perfectamente armada y conformada de los temas que incumbían a España a nivel nacional e internacional y le gustaba ser preguntado por ellos, mientras ahora es monotemático y repetitivo, como si hubiera sufrido una involución política e intelectual de tanto aparentar lo que no es. No plantea debates de calado salvo de consumo interno y ya sólo concede entrevistas a periodistas y medios amigos por miedo a que le pregunten de algún otro tema que no sea el de su entonación. Justo lo contrario de lo que hace su compañero de aventuras, que a la hora de elegir gusta de medirse con periodistas que están ideológicamente en el extremo opuesto.

El president, que acompaña todos sus intervenciones de boato y liturgia, lo que atufa a antiguo, no sólo es desleal, sino que en cualquier otra democracia ya estaría inhabilitado para el desempeño de su cargo. Su planteamiento es una falta de respeto y un chantaje emocional intolerable a los catalanes con esa cantinela que estos días algunos desean recordando eso de «o con nosotros contra Cataluña». Eso por no hablar de su trayectoria desastrosa en materia electoral que le ha hecho perder votos a chorros en cada una de sus citas con las urnas.

Tanto él como sus compañeros de viaje siguen sin querer enterarse de lo que le han dicho hasta la saciedad dentro y fuera de nuestras fronteras: que una falsa Cataluña independiente quedaría fuera de la zona euro y, por tanto, aislada económica y políticamente. Da igual, el raca raca es lo que tiene, que se vuelve una y otra vez al día de la marmota. ¡Ufff, que cansancio!

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Lo más leído