Ferm’n Bocos

Deslealtad

En un sistema democrático, como lo es el español, ningún dirigente debería traspasar la línea que separa la legítima discrepancia política con la debida lealtad a la Constitución. Por desgracia, tenemos al actual presidente de la «Generalitat» de Cataluña embarcado en esa deriva. A su desafío del pasado 9 de Noviembre de 2014 (pendiente de resolución en la vertiente judicial), une ahora una gira por los EE.UU. (con séquito y dietas a cargo de los contribuyentes) en la que en sus intervenciones públicas insiste en falsear la realidad política presentando a España como un país opresor, un país que niega el derecho a la independencia de Cataluña. Como si Cataluña no fuera una parte más de la nación española. Presentar las cosas de esa guisa ante auditorios (ciudadanos norteamericanos) no conocedores de la realidad española, roza la deslealtad. Una más por cuenta de un político que no responde ante los ciudadanos de su comunidad de su compromiso como presidente de la «Generalitat» (es decir, de todos los catalanes) y que solo se mueve y actúa como cabeza de un partido político. El suyo: Convergencia. Porque también es desleal con sus socios de coalición (la Unió de Durán Lleida), que no están por la independencia. Artur Mas es un personaje público que empieza a resultar patético. Sus maniobras -fracasadas- para engañar a ERC formando una candidatura soberanista única, dejaron al descubierto que su verdadero objetivo era y es perpetuarse en el poder. Se equivocó al adelantar las elecciones (CiU perdió una decena de escaños) y es muy probable que vuelva recibir un castigo parecido en Septiembre si es que al final convoca nuevos comicios. Al frente de un partido muy tocado por los escándalos económicos que salpican a su fundador (Jordi Pujol) y a su familia y con su sede política embargada a resultas de la indagatoria judicial sobre una presunta financiación ilegal, Convergencia atraviesa por sus horas más críticas. Según las encuestas ha dejado de ser la opción de voto de los electores moderados que durante más de veinte años le dieron su confianza y con ella el gobierno de la Generalidad. Los sondeos también revelan una pérdida de respaldo a los partidos soberanistas. El espectacular crecimiento de Ciutadan,s y la irrupción de Podemos permite avizorar que la opción independentista no conseguiría «masa crítica». En Cataluña, pese a la antidemocrática entrega de los medios públicos autonómicos de comunicación a la causa partidista, disminuye el número de ciudadanos que se dejan reclutar para un tipo de propaganda que oculta el día a día de los muchos problemas que están sin resolver: más de medio millón de desempleados, bolsas de pobreza y exclusión, recortes en la sanidad, problemas en la enseñanza, etc. Por eso, a la desesperada, Artur Mas intenta desviar las atención de los catalanes con sus salidas al exterior dándose aires de hombre de Estado. Es otra impostura y una deslealtad. Una más.

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