Antonio Casado

Un nuevo juguete roto

El ex vicepresidente del Gobierno, Rodrigo Rato, ya no podrá desprenderse de su condición de juguete roto que marcha directo hacia el basurero de nuestra reciente historia. Las contundentes imágenes de su detención han multiplicado esa impresión en el sentir de la opinión pública, que hasta hace unos meses lo tenía por una primera figura política nacional.

Y para la historia de nuestros días queda el nítido grito que resonó en una calle del elegante barrio de Salamanca: «¡Sinvergüenza!». Junto al paso televisado de Rato a un vehículo judicial, a primera hora de la noche del jueves pasado, tan escueta banda sonora fue la imagen mejor acabada de un hombre moralmente arruinado. Lo que vimos fue la cabeza vencida de quien un día tuvo tanto poder, que tantas lecciones nos dio sobre la insolidaridad de los que no pagan sus impuestos, que tantas campañas alentó contra los defraudadores fiscales y que, por cierto, no estuvo muy lejos de haber sido presidente del Gobierno de la Nación.

Por si eran pocos los supuestos delictivos que pesaban sobre él por la salida a Bolsa de Bankia y el escándalo de las tarjetas black (estafa, falsedad, apropiación indebida y delito societario), ahora carga también con los de fraude, alzamiento de bienes y blanqueo de capitales. La causa se abrió bajo secreto de sumario, en el Juzgado número 35 de Madrid el mismo jueves de la detención (por unas horas), mientras se registraba su despacho después de haber registrado el domicilio del ex vicepresidente y ex director general del FMI.

Es decir, un minuto después de saberse por la Prensa que, además de acogerse a la amnistía fiscal de 2012, Rato estaba siendo investigado por un presunto delito de blanqueo de capitales. ¿Y por qué no un minuto antes?, nos preguntamos, impulsados por la sospecha de que sin el zambombazo mediático del miércoles no se hubieran producido, o se hubieran congelado, la actuaciones del jueves: un fiscal que denuncia, un servicio de Prevención y Blanqueo de Capitales (Ministerio de Hacienda) que actúa y un juez que ordena la retención y abre la causa.

Ahora las preguntas se multiplican a la espera de que avance el proceso indagatorio. Por ejemplo, la cantidad defraudada, su origen y la existencia de otros personajes públicos, también bajo sospecha en la lista de 705 presuntos blanqueadores. Estamos ansiosos por escuchar al director de la Agencia Tributaria, el martes que viene en el Congreso, donde dará explicaciones sobre lo que su departamento ha denominado «desfases patrimoniales» en la fortuna del señor Rato..

Junto a Jordi Pujol, Rato ya se ha convertido en una nueva figura del separatismo fiscal. Si cometieron delito de blanqueo de capitales o no, ya lo dirán los jueces. Pero es indiscutible que ocultaron una parte de sus fortunas al Fisco (Hacienda somos todos, ¿recuerdan?), pues ambos se acogieron a la amnistía fiscal de hace tres años. Eso contamina el sentir de una ciudadanía que paga religiosamente sus impuestos. Y es altamente tóxico para la respectiva causa política de ambos.

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