Antonio Casado

Podemos rectifica

Después de dinamitar la doctrina Mafalda («Conocerme es quererme»), los dirigentes de Podemos han decidido dar un golpe de timón. Se trata de no ahuyentar a las élites. Ni a los votantes, claro. Los testimonios se multiplican. Desde la búsqueda de un papel para la bandera nacional en sus actos de partido hasta las declaraciones del número dos, Iñigo Errejón, desmintiendo que sueñen con la demolición del sistema.

No es seguro que la sonrisa haya cambiado de bando, aunque en su día sonase tan convincente el grito fundacional de Pablo, el líder carismático. El aumento de su exposición pública y el deber de retratarse ante los grandes asuntos han frenado un avance que parecía imparable a finales de 2014 y les ha deparado un sensible retroceso en los sondeos electorales.

Hacía falta una revisión de la hoja de ruta. Y en eso están, cuando se disponen a iniciar la presentación en sociedad de su programa-marco para las elecciones autonómicas del 24 de mayo (no se presentan con su marca a las municipales). Lo irán entregando por fascículos, pero empiezan a trascender algunas propuestas y, sobre todo, cientos de pistas sobre una estrategia encaminada a suavizar la radicalidad de los mensajes iniciales.

Del espíritu de Vista Alegre, donde la indignación venía de la mano de la revolución -contra la casta y el régimen del 78-, Podemos ha pasado al rebobinado. Nada de nacionalizaciones. Nada de consultas sobre la forma del Estado, ahora que Iglesias ha descubierto en Felipe VI a una persona educada y querida por los españoles. Oídos sordos a quienes advierten de que España puede ser la plataforma de difusión del chavismo y, eso sí, menos arrogancia en las comparecencias mediáticas de los dirigentes del partido.

Donde hablaban de acabar con el régimen del 78 ahora hablan de «transformaciones estructurales», signifique la demolición de instituciones decisivas en los últimos treinta y tantos años. Lo del impago de la deuda es como si lo hubiéramos entendido mal. Ahora explican que el «simpa» no va con ellos. Y que lo que quisieron decir inicialmente y dicen ahora es que hay que ir hacia una «reestructuración ordenada». Acabáramos.

Momento crucial en el proceso de identificación política del partido de los indignados. Se acabaron las medias tintas y las frases hechas que se agotan en sí mismas. Quieren llegar a una clientela muy heterogénea. Y a ver como se las arreglan para desmentir a quienes los ven como gente muy joven diciendo cosas muy viejas.

Estamos ante la formalización, por escrito, de sus intenciones en la conquista de la Moncloa. Algo anticipan sus comportamientos, claro. Tanto respecto a los contenidos programáticos (ocupación del espacio presuntamente abandonado por el PSOE) como a la estrategia (Centrarse en el PP e ignorar al adversario socialista).

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