Ferm’n Bocos

Juegos de poder.

El «asalto a los cielos » va para largo. Podemos, un partido con apenas año y medio de vida acaba de sufrir su primera crisis. La ha provocado la salida de Juan Carlos Monedero, el ideólogo que junto a Pablo Iglesias jugó un papel decisivo en la transformación en partido político del movimiento antisistema surgido alrededor del 15 M.

Monedero ha sido, también, la charnela que unía a Podemos con el Gobierno chavista de Venezuela. Cuando se supo que había recibido una importante suma de dinero -que justificó diciendo que había asesorado a las autoridades de aquel país en un proyecto de creación de una moneda común -Monedero no es economista- ,nunca pudo despejar la duda de sí, en realidad, se trataba de una financiación encubierta del partido que estaban montando en España. Negó ese extremo, pero al trascender que había utilizado empresas creadas al efecto para lograr una menor tributación fiscal, su imagen quedó muy dañada. Tanto como que sus apariciones en público y en los platós de televisión se hicieron menos frecuentes.

Se va diciendo que «Podemos es lo más decente que hay ahora en la política española», pero… Añadiendo un pero que en realidad es un torpedo en la línea de flotación del grupo: «El hecho -concluye- de estar en contacto permanente con aquello que quería superar les ha llevado a parecerse a los que quería sustituir». Por resumir sus palabras acudiendo a la jerga de la que tanto han abusado, resulta que acusa a los suyos de haberse convertido en «casta». La denostada casta política a la que llevan meses demonizado. Iglesias que es hombre frío ha despachado el portazo de Monedero con una frase que resume su talante pragmático. Muy de la escuela de Lenin antes de apearse del tren en la Estación de Finlandia: «Monedero, es un intelectual que necesita volar».

Vistas las expectativas electorales que perfilan la encuestas es probable que la muy centralizada dirección de Podemos intenté compensar la pérdida de imagen que apareja la salida de quien fue uno de sus ideólogos, haciendo correr la especie de que Monedero es un idealista sin contacto con la realidad. Salvando las distancias – que son siderales- así se inició la pasión de Trotsky.

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