Pedro Calvo Hernando

No quiero luego lamentaciones

Pues ya entramos en la nueva vorágine política, con el tema de la investidura de Susana Díaz para la presidencia de Andalucía y el comienzo este viernes de la campaña electoral para las autonómicas y municipales del 24 de mayo. Son unos días de extraordinaria efervescencia en los que todo se mezcla y agita, a la medida de los intereses políticos y electorales de cada cual. Al PP los hechos no le dan tregua en materia de corrupción sobre todo. La historia de Alfonso Rus, presidente de la Diputación de Valencia, es la más horrible de las posibles tarjetas de presentación del partido de Mariano Rajoy a los comicios del día 24 en toda España. Como tantos han dicho, es verdad que estamos ante uno de los asuntos más vergonzosos y más escandalosos, además de grotesco, impresentable y estrambótico, de cuantos afectan a la corrupción del PP. Dudo mucho de que los resultados de algunas encuestas se sostuvieran si el trabajo de campo se hubiera realizado con esas informaciones ya en la opinión pública, pese a que de todos modos tales sondeos arrojan resultados malos, pero no tan catastróficos, para el partido gobernante.

En cuanto a la investidura de Susana Díaz, se observa en los partidos de la oposición un cúmulo de contradicciones y excesos que dicen muy poco de su vocación por el servicio a la ciudadanía por encima de los eternos intereses partidistas. La presidenta en funciones remató en su discurso de este lunes su voluntad expresa de luchar contra la corrupción y el fraude fiscal y de favorecer por todas las vías, como exigen los nuevos partidos, la curación de las graves heridas infligidas a la educación, la sanidad y los demás servicios sociales. De cara a las elecciones territoriales del día 24, yo diría que me conformaba con que las determinaciones de los partidos se aproximaran ciertamente a las determinaciones de Díaz y sus colaboradores. No se entiende que sobre todo que Podemos se ande con tantas florituras y espejismos. Las urnas del 24 van a condicionar duramente el inmediato futuro, sobre todo las generales de noviembre. Yo sigo opinando que la división de la izquierda española es la gran estupidez de ese sector, sobre todo por el riesgo de que eso pueda favorecer a su gran adversario, que hace muy bien en aprovechar en su favor la mentada estupidez. Y no me vengan luego con lamentaciones si mis pseudoaugurios fuesen confirmados por la realidad.

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