Antonio Casado

Susana, bloqueada

La presidenta en funciones de la Junta de Andalucía está atrapada en una curiosa ecuación. De los cuatro partidos políticos llamados a sentarla de nuevo en el Palacio de San Telmo, o no, los nuevos (Podemos y Ciudadanos) reclaman hechos y no palabras, y los viejos (PP e IU) ni embarazada se la creen.

En vísperas de una segunda votación, prevista para este viernes, en la que bastará la mayoría simple para entender otorgada la confianza, la aspirante se encuentra tan bloqueada como el día de su amarga victoria del 22 de marzo, cuando el PSOE andaluz cosechó el peor resultado de su historia con menos votos que su antecesor y padrino político, José Antonio Griñán.

Su discurso de investidura empedrado de buenas intenciones y sus guiños programáticos a los partidos emergentes, los que menos la conocen, no le han servido para granjearse el apoyo de las fuerzas políticas representadas en el Parlamento andaluz. Así, el cielo prometido por Susana Díaz tendrá que esperar a que en sucesivas votaciones el PP, por sí solo, o Podemos, con al menos un diputado de IU o Ciudadanos, tengan a bien prestarle al menos su apoyo pasivo, como les reclama.

Mientras no ocurra eso, la tendencia a abstenerse de los nueve diputados de Ciudadanos será insuficiente para la fumata blanca. Si se confirma; pues lo ocurrido en la votación del martes pasado es que el partido de Albert Rivera endureció sus posiciones cuando parecía estar a medio folio del acuerdo. Lo cual nos lleva a aceptar la plantilla argumental propuesta por la propia Susana Díaz. A saber: sin Gobierno no hay oposición.

Esa la clave. Sin rival no hay combate ni debate. Se entiende mal el confesado propósito del PP y Podemos de oponerse democráticamente al partido elegido para gobernar si no le deja cumplir el mandato recibido por los andaluces. Y menos por motivos tácticos, como es el caso. Dicho sea en la perspectiva del observador y no como argumento seguidista del utilizado por la propia Susana Díaz en nombre de la estabilidad, porque tácticos fueron sus motivos cuando decidió la prematura disolución de la Legislatura. De modo que no es la más indicada para reprochar el «tacticismo» de otros.

La fumata es negra. Quedamos pendientes de la votación del viernes, a sabiendas de que sería testimonial una hipotética abstención de Ciudadanos. Todo invita a pensar que será Podemos el que ponga la música al baile de la investidura. Su lideresa andaluza, Teresa Rodríguez, no se ha reconocido en las propuestas de Díaz contra la corrupción, los desahucios y la inflación de altos cargos. Quiere gestos fehacientes y no guiños. Ni palabras.

Así estaremos hasta que en uno de los dos bandos decisivos, o en los dos a la vez, decidan quitarse de encima el sambenito del obstruccionismo. Todavía hay margen para estirar la cuerda hasta después de las elecciones del 24 de mayo. Es lo que todos tienen en la cabeza a la espera de que las urnas vuelvan a repartir cartas.

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