AndrŽs Aberasturi

Las prisas de Susana Díaz.

Lo de la vicepresidenta en funciones de la Junta de Andalucía, tiene mérito; acusa -con razón- al resto de los partidos de «tacticismo» por no apoyar o abstenerse en sus deseos de ser investida ni a la tercera y olvida que fue precisamente el «tacticismo» lo que le llevó a ella a convocar unas elecciones que nadie había pedido. Se deshizo de la pesada carga de IU -un pacto envenenado que heredó de su mentor- y se inventó un discurso para justificarse envuelto en razones éticas. No hace falta recordar las cosas que dijo la hoy presidenta en funciones: «No quiero espectáculos como los que se producen en otros territorios de España, donde van a tener un gobierno en precario durante meses» Sin comentarios. O aquel otro con el que explicaba la razón del adelanto ante la «inestabilidad y la «falta de confianza» entre los socios, que atribuía al «giro radical» de la dirección nacional de IU desde finales de otoño mientras insistía una y otra vez en reclamar «estabilidad y no perder ni un solo minuto». La solución estaba clara para la heredera de Griñán y más clara aun en la guerra que ya se había declarado dentro del PSOE nacional: «dar la voz a los andaluces».

La verdad es que no acertó en ninguna de sus apuestas y ahora culpa a Mariano Rajoy de auspiciar el «bloqueo del no» contra su investidura y se pregunta si Rajoy haría lo mismo «en otros territorios de España». No es fácil tragarse esto de golpe y no parece del todo probable que Ciudadanos y Podemos estén pendientes de lo que auspicie o deje de auspiciar el señor presidente del Gobierno desde su isla monclovita.

Por ahí no pasa la cosa. El problema de Susana Díaz fueron las prisas y es muy parecido al de los nacionalistas catalanes: ha confundido su porciento de votos -tan menguado- con la voluntad de Andalucía toda; y parece que no. Ella pretende ser la voz de toda Andalucía; y parece que tampoco. Repite una y otra vez imbuida de una dignidad totalizadora que no le corresponde que «no va a consentir que Andalucía…» Y cuando se tienen los votos que se tienen y por tres veces no se consigue ni tan siquiera la abstención que te permita la investidura pese a hacer discursos al gusto de casi todos, pues, la verdad, no parece lógico que nuestra protagonista esté en disposiciones de consentir o dejar de consentir.

A Susana Díaz sólo le quedan dos bazas por jugar: la convocatoria de nuevas elecciones con las que ya ha «amenazado» -y eso que buscaba la estabilidad en las de hace un par días- o esperar pacientemente a ver qué pasa tras las elecciones en el resto de España. Lo lógico es que se impongan acuerdos, pactos o lo que sea si es que se cumplen los pronósticos de los sondeos (que esa es otra) y que del resultado de esos pactos, que lamentablemente Díaz se cocerán en Ferraz y Génova, cambie la actitud de Ciudadanos o Podemos en Andalucía. Pero esta posibilidad en lugar de reforzar la figura de la señora Díaz, lo que va a hacer es debilitarla dentro y fuera de su partido. Susana Díaz se ha equivocado. Esas cosas pasan en política.

Y no es, como dice la aspirante a presidenta, que Andalucía sea un cromo -algo que ella no va a consentir- sino más bien que nunca tuvo que forzar la máquina. Pero tenía prisa comunitaria y nacional y adelantó las elecciones; todo se vino abajo ante una nueva realidad que no había calculado y que a día de hoy sigue siendo un misterio a resolver. ¿Convocar nuevas elecciones? Imagino que su círculo de asesores no se lo va a aconsejar: ahí está otro que sigue confundiendo a Cataluña con su persona amenazando con llevar al suicidio político a su partido y, lo que es mucho peor, a los ciudadanos todos que no parecen estar dispuestos a que se experimente y trafique con su soberana voluntad.

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