Pedro Calvo Hernando

Del 15-M al 24-M.

Ya no se pueden publicar más encuestas, gracias al cielo, porque nos estaban volviendo locos. Pero tenemos bastante con las conocidas. No vendrá ahora el Gobierno a repetir, al final de la campaña, la fina faena de repartir otro montón de miles de millones antes de que vayamos a las urnas. No me quiero ni molestar en mirar si eso sería o no legal, detalle que me importa un pito. Tenía toda la razón Juan Carlos Monedero en la extraordinaria entrevista, por el entrevistado y por el autor de la misma, mi amigo el periodista Juan Cruz en «El País». Extraordinaria porque el primero imparte la mejor lección política del año en España y el segundo sube aun más alto en su prestigio profesional. Ole por mí. Monedero pone patas arriba todos los tópicos y todas las estupideces de una entera clase política desde tiempo inmemorial. Y Juan nos muestra lo excelsa que puede ser esta profesión de nuestros pecados. Si aciertan o medioaciertan las encuestas de Metroscopia, la que aquí se arma será memorable. Porque, entre otras cosas, podemos ver a la izquierda en el poder madrileño, barcelonés, valenciano, aragonés, castellano-manchego, andaluz y un regular etcétera… Por supuesto, preludio de lo que sucedería en noviembre en el plano nacional.

En el cuarto aniversario del estallido del movimiento 15-M vivimos algo que modestamente uno advirtió por aquel entonces, aunque haya llegado con algún retraso. Me refiero a la cristalización de aquel maravilloso movimiento, junto a otras fuentes, de los instrumentos políticos imprescindibles para el intento de llevar a la realidad todos aquellos sueños. Sueños que no han parado de recibir los insultos y las descalificaciones más procaces desde los puntos del globo político más empeñados en impedir unos cambios que ya son inaplazables. Se ha recurrido incluso a una estrategia increíble: comparar alguna torpeza procedimental de nula importancia sustantiva de algún elemento como Monedero con el cataclismo de enormes y numerosísimos casos y operaciones de infinita corrupción sucedidos en el otro lado del tablero. Y sin que a los comparadores se les cayera a cachos la cara de vergüenza. Ah, y no me puedo creer que Ciudadanos y Albert vayan a entrar en auxilio de los que luego necesitarán algo desde ese lado del tablero que menciono. Entre otras cosas, porque Ciudadanos arruinaría en unas horas el prestigio tan duramente ganado en los últimos meses. Pero advirtamos que estos próximos días son o pueden ser decisivos, antes de la gran cita con las urnas.

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