Fernando Jauregui

Del 25-m al 25-m: doce meses que ¿cambiaron? España.

Si Adolfo Suárez, en los once meses transcurridos entre julio de 1976 y junio de 1977, fue capaz de dar la vuelta al Estado como un calcetín, ahora las circunstancias, la presión ciudadana, el desgaste de lo que ya nos hartaba a todos, han logrado dar un giro considerable a la situación política española entre el 25 de mayo de 2014 y este 25 de mayo. Doce meses que volvieron a cambiar España. O quizá no tanto: los próximos días serán clave para comprender hasta qué punto este cambio que se nos echa encima va a cuajar en mudanzas efectivas en cuanto a participación de los españoles en la cosa política, en cuanto a la transparencia y honradez con las que se nos ha de gobernar. Gobernar para el pueblo, pero con el pueblo: parece mentira que aún haya que invocar estos sanos principios.

Creo que la gente corriente, la que se esfuerza y sacrifica cada día por hacer grande el país, comprendió perfectamente, aquella noche del 25 de mayo de 2014 cuando conocimos los resultados de aquellas parece que tan lejanas elecciones europeas, que se estaba cerrando una etapa, y otra, muy distinta, se abría. Eran las consecuencias del movimiento ‘indignado’, que estalló en las plazas españolas tres años antes, nos dijimos todos. Pero el terremoto subterráneo era aún más intenso, y el 15-m, como movimiento, había comenzado a declinar, como bien se ha visto este sábado ‘de reflexión’. Había nacido Podemos, y los dos partidos que habían empezado, muy tímidamente, a disputar a PSOE y PP el bipartidismo, es decir Izquierda Unida y UPyD, comenzaban a dar prontas muestras de fatiga. Y eso que la formación de Rosa Díez no tenía ni un lustro de vida: todo iba muy rápido, pensábamos aquel 25-m-2014. Sin saber hasta qué punto, en las semanas siguientes, se iban a acelerar las cosas.

Luego vino lo que todos sabemos. No hace aún un año -ocurrirá el aniversario dentro de algunas horas- que el movimiento telúrico comenzó con la dimisión de Alfredo Pérez Rubalcaba como secretario general del PSOE, iniciando un proceso de renovación que iba a llevar al hasta entonces relativamente secundario Pedro Sánchez al frente del partido que fundó el histórico Pablo Iglesias el 2 de mayo de 1879. Ahora, con el resultado electoral pesándole en las espaldas, Sánchez tendrá que revalidar su mandato a finales de julio en unas elecciones primarias a las que probablemente se presentará él solo, pero acaso sin el entusiasmo militante con el que llegó tras vencer a sus dos oponentes, Madina y Pérez Tapias, en la carrera inicial. De esto, vuelvo a recordar, no han pasado ni doce meses todavía. Y ahí sigue la presidenta andaluza, Susana Díaz, que parece haber perdido su sintonía con Sánchez, aguardando a que se consume su investidura, algo que sin duda ocurrirá en las próximas semanas merced a la era de pactos que se inicia este mismo 25 de mayo, pactos que incluirán también la situación de la mayor Comunidad española, es decir, Andalucía.

La abdicación del Rey Juan Carlos I fue una relativa sorpresa, y el ‘traspaso de poderes’ a Felipe VI resultó un éxito ejemplar. En estos doce meses, la Monarquía ha experimentado un notable incremento en la aceptación popular, indican las encuestas, que se han convertido en las amas y señoras de la situación política en este año.

Mucho más reciente es el ascenso palpable de una formación inicialmente catalana como Ciudadanos, aunque ya a lo largo de 2014 resultaba patente que la formación de Albert Rivera interesaba más allá de Barcelona, donde sigue teniendo su cuartel general. Esto es algo que tampoco deja de ser sintomático cuando el presidente de la Generalitat y su entorno, con el auxilio de Esquerra Republicana y de organizaciones conectadas con la sociedad civil, como la Asamblea, se empeñan en tensar la cuerda secesionista. Me permito, lector, reclamar su atención recordándole que solamente hace seis meses que se celebró aquella ‘consulta informal’ que pretendió ser un referéndum sobre si los catalanes querían o no ser independientes de España. Y dentro de cuatro meses deberían celebrarse -si se celebran, por supuesto_esas elecciones autonómicas que Artur Mas quiere plebiscitarias sobre la independencia que tratará de consumar, dice, ya en 2018. Quizá este dato, el riesgo de una secesión que, sin embargo, a mí me parece muy improbable, explique también al relativo auge de Ciudadanos en todo el país: Rivera es un catalán que quiere una España unida como primer y fundamental punto en su ideario.

Lo único que no ha cambiado, ni ha querido cambiar, ha sido Mariano Rajoy, que sin duda querrá considerar el relativo -muy relativo, incluso– éxito del Partido Popular en bastantes territorios como un espaldarazo a su estrategia, consistente en decir que las cosas marchan muy bien en lo económico -lo que es relativamente cierto- y, por tanto, para qué embarcarse en aventuras que a saber a dónde conducirían. Frente al cambio, comenzando por el constitucional, que proclaman las restantes formaciones, Rajoy, que, pese a las disidencias internas, controla férreamente el PP, se aferra a la permanencia en los viejos, buenos, principios y a que nada, o muy poco, debe cambiar en lo político. NI siquiera quiere remodelaciones ministeriales, que, sin embargo, es muy posible que ahora tenga que realizar ante la hipotética marcha de Luis de Guindos a Bruselas y de José Ignacio Wert a París. Para Rajoy, las formaciones emergentes, Podemos, Ciudadanos, el ‘nuevo’ PSOE, los movimientos sociales como el protagonizado por Ada Colau, son casi epifenómenos, algo potencialmente peligroso que podría destruir lo conseguido.

Ahora, falta saber si las restantes formaciones se unirán frente a Rajoy por el cambio, imposibilitando, por tanto, la gobernación del PP en muchas ciudades y en casi todas las autonomías. Todos los ojos se vuelven hacia lo que pueda hacer Ciudadanos: ¿se decantará, como dicen, por apoyar con su abstención en las sesiones de investidura al candidato más votado? Eso abriría al PP las puertas de muchos gobiernos ¿O será la formación de Rivera una más en el ‘todos contra el PP’? Eso auparía al PSOE a muchos despachos autonómicos y municipales. Lo vamos a averiguar en los próximos días, que van a ser de enorme intensidad política. Bienvenidos al ¿cambio?

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