ANDRÉS ABERASTURI

Los emergentes, las líneas rojas y la ansiedad por pillar poder

Lo que propone Podemos al PSOE es que el PSOE se haga Podemos

Los emergentes, las líneas rojas y la ansiedad por pillar poder
Andrés Aberasturi.

Lo que pretende Ciudadanos es que los demás partidos acepten el programa de Ciudadanos

Resulta por lo menos chocante que las ya famosas líneas rojas que ponen casi todos los partidos y agrupaciones para empezar a negociar, sean prácticamente idénticas: regeneración democrática, transparencia, lucha sin cuartel contra la corrupción etc. Luego viene una coletilla final que, en la Ciudadanos, por ejemplo, dice que se tiene que asumir sus propuestas para el cambio de política; Podemos lo expresa de otra manera y refiriéndose al PSOE: para negociar tienen los de Ferraz que «dar un giro de 180 grados».

Leído así, sin más, lo que pretende Ciudadanos es que los demás partidos acepten el programa de Ciudadanos y lo que propone Podemos al PSOE es que el PSOE se haga Podemos. Y así va a ser difícil, al menos en teoría, porque la realidad terminará imponiéndose pese al peligro que ello supone para los dos emergentes.

Si en Andalucía ha pasado lo que ha pasado porque nadie quería pronunciarse antes de las autonómicas y municipales, me temo que algo parecido puede ocurrir ahora dada la cercanía de la generales que es, en definitiva, la madre de todos los objetivos. El único que lo ha dejado claro ha sido el candidato García-Page dispuesto a iniciar los contactos con Podemos «sin plantearse líneas rojas ni azules».

El problema es que no es él quien plantea o no las líneas sino más bien el que debe aceptar -o no- las que le planeta Podemos. Por eso no entiendo muy bien la alegría del PSOE tras los resultados. Es lógico pensar que al estar en la izquierda piensen que, siendo los más votados de esa zona teórica, son los llamados a decidir, pero los resultados para el PSOE han sido -mirados con objetividad- verdaderamente catastróficos a no ser que consideren un mérito la debacle aun mayor del PP.

Pero eso es hacerse trampas en el solitario porque los resultados no habría que compararlos con los del 2011 sino con los del 2007 y anteriores en los que tanto PP como PSOE se diferenciaban en apenas 2 puntos.

En el 2011 pasaron de 35,31% al 27,79% y en estas recientes no sólo no remontan sino que vuelven a bajar un par de puntos (25,03%). Mucho más ha perdido el PP, claro, pero ese es un consuelo pírrico.

Pero aquí ya se sabe que cada uno busca los paños de lágrimas donde puede y si no, miren lo que -al parecer- ha dicho el mítico asesor Arriola al pobre Rajoy:

«Nos conviene perder en Andalucía y las municipales de cara a ganar las generales».

Con Asesores así, para qué esforzarse. Que fluya la vida mientras los de Génova van dimitiendo en racimos sin que el presidente pida y, sobre todo, se pida, responsabilidades.

Pero esta es otra cuestión. Estábamos en las líneas rojas que muestran los nuevos como fronteras sagradas no ya para apoyar sino incluso para abstenerse y así facilitar la investidura.

Como se ha repetido hasta la saciedad vienen días febriles de conversaciones, pactos, comunicados y desmentidos. Así están las cosas y una de dos: o levantan algunas rayas los emergentes o se agachan demasiado los del PSOE de siempre.

Ninguna de las dos cosas parecen la mejor receta para llegar puros a las generales.

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