Este 1 de junio de 2015, escribe Ignacio Camacho en ABC una columna titulada ‘La pitada silenciosa’ en la que arranca diciendo:
De civismo, dice. Y se queda tan contento. Para el presidente del Barça, las aficiones dieron en la final de Copa una lección de civismo. Se refiere a que no se pegaron entre ellas y a que compartieron en feliz jolgorio el protagonismo de una agresión xenófoba a los símbolos de España.
Añade que:
Pero da la impresión de que en muchos hogares de España se produjo una pitada silenciosa, una protesta espontánea, una señal de desdén o de repugnancia ante el aquelarre de intransigencia nacionalista. Una inequívoca manifestación de rechazo pasivo que interpela a las autoridades en su actitud minimizadora, complaciente o apocada. Una callada reacción de dignidad nacional expresada en un plante de televisores apagados.
Y concluye que:
Hoy se reúne el Comité Antiviolencia para estudiar el asunto. Es probable que en un arranque de autoridad castiguen a los dirigentes del Barça y el Athletic dejándolos sin postre en el próximo ágape. En cuanto a Mas, siempre podrá alegar que para él sólo estaban abucheando a su ocasional chófer.
