Victoria Lafora

De azul a rojo.

Ayer se constituyeron los ayuntamientos y el mapa municipal cambió de color: del azul al rojo. Plataformas de izquierda van a gobernar cuatro de las ciudades más grandes, incluida la capital, Madrid. No solo el PP ha perdido poder local, al no poder revalidar dos docenas de alcaldías, también los nacionalistas de CIU se han quedado sin su ciudad emblemática: Barcelona.

El reto de los nuevos regidores es inmenso. No han ganado por sus programas electorales, muchos de ellos hechos de retazos, ni por la fuerza de las siglas. Su triunfo se debe al descontento ciudadano y representa más un voto de castigo que una apuesta por la ruptura. Han ganado las caras no las siglas. De hecho los mejores resultados han sido obtenidos por dos mujeres que han hecho gala de su independencia del conglomerado de partidos que las sustentan. Ha sido su proximidad y cercanía, su lucha por los derechos sociales, su apuesta por recuperar de la exclusión a aquellos a los que la crisis ha dejado en las cunetas, la razón de su éxito.

Ahora llega el tiempo de gobernar y no lo van a tener fácil. Primero tendrán que averiguar el estado real de las cuentas que les han dejado sus antecesores, teniendo en cuenta que los periodos electorales son los más proclives al despilfarro pues para ganar votos se suelen acometer todo tipo de obras. Además los grandes ayuntamientos son los que más deuda acumulan, herencia de los tiempos de la burbuja inmobiliaria. La crisis ha hecho descender de forma abrupta los ingresos municipales en la medida en que ya no se solicitan permisos de obra pues nada se construye.

También la corrupción, esa lacra de la que los nuevos deberían estar escarmentados, ha vaciado las arcas públicas. No es fácil hacer labor social sin fondos. Ahora tanto Carmena como Colau van a tener que hacer un verdadero ejercicio de imaginación para cumplir los compromisos que han contraído con los votantes.

Es verdad que también van a encontrar muchos gastos suntuarios y de personal contratado, simplemente por ser amiguetes, que se puede recuperar para la ciudadanía. Pero las grandes ciudades son un pozo sin fondo de gastos de mantenimiento, limpieza, parques e infraestructuras que necesitan mano de hierro y eficacia en la gestión. Los vecinos quieren soluciones ya y posiblemente no se les concedan ni los cien días de rigor.

Además, porque estamos en puertas de otra campaña electoral, la de las generales, y el PP no va a dejar pasar un error que pueda ayudarles en su objetivo de mantenerse en la Moncloa. Ahora la oposición ya no es solo el PSOE si no cualquier fuerza que pueda coaligarse en su contra. Ni siquiera la manida excusa de la «herencia recibida», que los populares siguen utilizando cuatro años después, va a justificar a los nuevos regidores municipales.

Solo cabe, por el bien de todos, desearles el mayor acierto en la gestión.

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