Fernando Jauregui

Ahora sí que estamos ya en campaña, y menuda campaña

Escribo desde Granada, donde el diario local organiza una ‘cumbre’ de carácter europeo sobre Twitter. Nunca momento más oportuno, ahora que ha empezado de veras una larga y competidísima campaña electoral, para reflexionar sobre el papel de las redes sociales en la marcha de la política. ¿Estamos de veras ante nuevas formas de hacer campaña electoral, dejando atrás los clásicos mítines de convencidos? ¿Deberían las campañas dirimirse en debates periodísticos, televisivos, en los que los candidatos tengan que mostrar sus aptitudes, más allá de las imágenes épicas del político abrazado por multitudes, haciendo ‘selfies’ con jóvenes ilusionados, besando niños, soltando globos…?

Me hallo todavía bajo el impacto del mitin organizado este domingo por el PSOE para lanzar oficialmente la candidatura de Pedro Sánchez a La Moncloa. Un acto ‘a la americana’, con traje oscuro, corbata y esposa incluidos, y con una enorme bandera española como telón de fondo. Buena idea todo ello, sin duda. Se trataba de mostrar que el PSOE ni es Podemos ni es engullible por las mareas que, desde la distancia, de alguna manera comanda Pablo Iglesias: corbata, esposa, bandera, composición de los asistentes, me parecieron muy significativos; más que los parlamentos, aunque tanto el de Sánchez como el del asturiano Javier Fernández me parecieron adecuados, aunque insuficientes. El PSOE, en su afortunada centralidad actual, es necesario. Como lo son Podemos y sus derivados, recogiendo la sensibilidad de una parte de la opinión pública española, que no acaba de ver que vayamos tan bien como dice el presidente del Gobierno.

Y este lunes se presentaba también Albert Rivera. Más comedido, no necesita la enseña rojigualda de fondo, porque todo el mundo conoce cuáles son sus premisas básicas. Con Rivera, nadie se pregunta qué pensarán sus aliados de la bandera tricolor, porque no tiene esos aliados; ni los de la estelada, porque tampoco. Rivera está destinado a potenciar la centralidad del Partido Popular, y no, me parece, a merendárselo, contra lo que piensan y dicen algunos. Sus exigencias al PP para pactar la constitución de ayuntamientos y gobiernos autonómicos son razonables y positivas, creo, para la regeneración democrática del país.

Y luego está el PP. Seguimos esperando nuevas emisiones de Rajoy. ¿Cambios en el Gobierno? No se sabe, no se contesta. El PP se ha quedado atrás en la exigencia acelerada de cambios que hacen los demás partidos. Mala cosa, porque tengo para mí que el clamor ciudadano es por el cambio. Lo comprobaremos a través de las redes sociales, que es algo que en el PP tampoco se controla mejor de lo que lo hacen los otros partidos. Tiene ante sí Rajoy un gran esfuerzo, porque la sociedad española, en este año y medio, ha evolucionado mucho más que el partido gobernante, siento decirlo.

En todo caso, ya estamos en (pre)campaña. Se nota en todas las redes, y en las calles. He moderado en el foro Ideal una mesa con el que fue candidato del PP en Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla, y con el portavoz parlamentario del PSOE, Antonio Hernando. Está claro, escuchándoles, que, salvo mítines como el del Price este domingo con Pedro Sánchez -el ‘efecto bandera’ está arrasando en Twitter–, hay una forma de tratar de ganar las elecciones que ya está en decadencia: no basta con llenar plazas de toros ni aparecer en los informativos televisivos de mediodía con imágenes grandiosas para vencer. Ahora, hay que convencer. ¿Se puede en 140 caracteres?

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