Ferm’n Bocos

Señor Sánchez.

Pedro Sánchez es el flamante candidato del PSOE a La Moncloa. Deja atrás meses de ninguneo informativo y de insidias de algunos de sus correligionarios envueltas en halagos a Susana Díaz. También han disminuido las conjeturas acerca de su futuro. La mayoría de los políticos no resisten un paso por las hemerotecas, pero otro tanto podría decirse de los periodistas. El caso es que el político joven en el que muy pocos creían y aún eran menos los que se atrevían a decir que podía ser la apuesta de los socialistas para dejar atrás la pesadilla de la política en zigzag de Zapatero, ha conseguido que su partido vuelva a presentarse como alternativa fiable al poder conservador que gobierna en España desde hace cuatro años. Sánchez es un hombre frío. Tranquilo en sus manifestaciones públicas. Salvo en los lances parlamentarios de las sesiones de control al Gobierno no suele ser de verbo faltón, al estilo, pongo por caso, del Alfonso Guerra de antaño o del Rafael Hernando de nuestros días. Si está en la política es porque es ambicioso, pero esa pulsión que lleva a los políticos a intentar ser uno entre un millón para organizar las vidas ajenas, en su caso, no parece que sea un fuego arrebatador. Quiero decir que encaja más en la etiqueta del reformador que en la del rupturista. Así quedó dicho en su discurso de aceptación de la candidatura con la bandera de España al fondo. Un mensaje nítido para los Iceta y demás compañeros veleta del PSC.

De su paso por la Universidad le queda la tendencia a ser reiterativo en la exposición de sus ideas. No es un orador de masas como lo fue Felipe González pero habla bien en público y ha mejorado mucho en los últimos meses. Gana aplomo a medida que ha decido ser él mismo y no la imagen que pretendían inventar algunos de sus asesores. Pese a ser economista, afortunadamente, no se ha dejado ganar por la filoxera de la jerga tecnocrática tan al uso entre los que van y vienen de Bruselas. Cuando todavía no era nadie en la política, las vísperas de dar el paso para competir por la secretaría general del PSOE, estuve charlando largo rato con él y saqué la impresión de que llegaría a dónde ha llegado. Así lo escribí entonces. También anoté que lo esencial de su pensamiento político era recuperar el Estado del bienestar, restaurar el viejo ideal de la socialdemocracia. Tal como están las cosas en razón de la tensión social traída por la dialéctica de confrontación entre conservadores y populistas, no sería poco. Veremos qué pasa en noviembre pero ahora, quienes le ninguneaban, ya le llaman «señor Sánchez».

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