Julia Navarro

«Un ‘no’ que es un ‘sí'».

Los ciudadanos griegos han votado un si rotundo a seguir dentro de la UE. Sí, han leído bien, pero por si acaso lo repito: el «no» resultante en el referéndum griego no es más que un «sí» a Europa y a la UE por más que desde las instituciones comunitarias se vengan jugando sucio diciendo que votar «no» significaría un rechazo a Europa.

A lo que los griegos han dicho «no» es a unas políticas que hasta ahora lo único que han provocado es un drama social. Es un «no» a la austeridad extrema, un «no» a unas condiciones draconianas que no han tenido ningún resultado positivo hasta el momento sino todo lo contrario.

De manera que basta ya de intentar confundir a la opinión pública presentando el «no» como un rechazo a Europa. Alexis Tsipras lo viene repitiendo: solo quiere negociar, quiere pagar la deuda, pero quiere hacerlo con condiciones asumibles para la sociedad griega. Y es que hasta ahora las medidas impuestas por la «troika» lo único que han provocado es mas pobreza.

Y también basta ya de presentar como a radicales irredentos a quienes no comulgan con las ruedas de molino que impone Bruselas. Es un ejercicio cínico el que llevan a cabo desde la UE intentando desprestigiar cualquier idea o propuesta que no sean las que dictan ellos.

Hay dos concepciones de Europa, una es la de los actuales mandatarios europeos, que está alejada de las necesidades de los ciudadanos, y la otra concepciones la de la Europa de las personas donde política y economía estén al servicio de la sociedad.

Lo que los dirigentes de la UE y del Fondo Monetario Internacional no han podido soportar es que un gobierno de izquierdas de país como Grecia les haya plantado cara. Temían el precedente que esto supone, que el débil salga respondón y tenga un efecto contagioso.

El colmo ha sido que los mandatarios europeos y de la UE incluso se hayan a cuestionar que el gobierno de Tsipras preguntara a sus conciudadanos si aceptaban o no las condiciones dictadas por Bruselas. Un ejercicio democrático como es un referéndum ha puesto de los nervios a la señora Merkell y compañía.

Así las cosas y con el «no» que es un «sí» en la mano, el gobierno de Tsipras ha pedido a la UE volverse sentar a negociar. De la respuesta que de Bruselas no solo dependerá el futuro de Grecias, del euro también el de la propia UE.

Me pregunto si Merkell, Dragui, y demás serán capaces de estar a la altura de los ciudadanos europeos y por tanto volver a la mesa de la negociación para ahora sí buscar un acuerdo que no ahogue a los ciudadanos griegos y les permita salir adelante haciendo una quita de su deuda.

Es hora de hacer política y de buscar consensos y soluciones. Sería imperdonable que la UE termine dinamitada por la soberbia y arrogancia de unos dirigentes que no han demostrado ninguna sensibilidad, ni siquiera compasión, por quienes durante estos años de crisis lo han ido perdiendo todo. En España, Portugal y Grecia miles de ciudadanos se han quedado en la marginalidad a cuenta de unas políticas de austeridad extrema.

Hay economistas que aseguran que otra política económica era y es posible, por más que desde la UE se ha querido imponer el pensamiento único. Y ha sido Grecia la que ha alzado la voz diciendo «no» para decir «sí» a esa otra Europa, la de los ciudadanos, la de las personas, la de la solidaridad.

Hay quienes se empeñan en augurar una Europa sin Grecia, y eso no solo sería un error, sino que sería el acta de defunción de la propia Unión Europea.

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