Fernando Jauregui

Cambio, en versión Rajoy: seguir por donde vamos.

El cambio es continuar por el sendero por el que vamos. Esa es la filosofía expresada por Mariano Rajoy al clausurar su ‘conferencia política’ con la que el PP quiere dar los primeros pasos hacia la elaboración de un programa electoral. No le vimos al presidente demasiado entusiasta del ‘cambio’, ese «eslogan manido» que otros predican porque no tienen, dijo, otra cosa que decir. Para mí, este fue el punto central de un triunfalista discurso de menos de una hora en el que Rajoy habló mucho de lo conseguido: «Las cosas no han salido bien de casualidad, supimos acertar». Y poco de lo que piensa hacer en concreto para ganar las elecciones, más allá de seguir en lo mismo. Satisfacción máxima en lo económico -crecemos más que Alemania, Francia, Estados Unidos, dijo, recordándonos a algunos ciertos discursos de Zapatero- y ninguna medida de regeneración política, en medio de muchas críticas a la izquierda, a toda la izquierda, fue la tónica del discurso.

Reconozco que, pese a su buena estructura formal, esperaba más, mucho más, de esta Conferencia Política, que es la última ‘cumbre’ de estas características antes de que las elecciones generales se celebren, como muy tarde, en diciembre. Y esperaba más, mucho más, de un discurso que Mariano Rajoy convirtió en un mítin preelectoral y no en un conjunto de propuestas para el futuro. Rajoy no dio ni un paso adelante, pero aseguró que «somos el partido más opuesto al inmovilismo, mal que les pese a algunos». Eso sí, dijo, sin concretar más, «cambiemos lo que haya que cambiar», pero ya se sabe: el cambio es lo que hace el PP día a día, lo que ha hecho para mejorar la situación heredada de los socialistas.

La verdad es que habíamos escuchado muchas veces este mismísimo discurso de Mariano Rajoy. Y la verdad es también que muchos de los militantes y dirigentes asistentes a esta Conferencia, celebrada bajo el nuevo logo que sustituye al de la ‘gaviota’ -ahora se la llama albatros-, pedían, en sus conversaciones con los periodistas, más cambios, más audacia, que lo que ha significado la clausura de esta ‘cumbre’, celebrada en Madrid ante unas mil quinientas personas.

Allí estaban casi todos los ministros, la mayor parte de los ‘barones’ autonómicos, junto a caras nuevas, como las de Pablo Casado o Andrea Levy, cuyo lenguaje fue mucho más entusiasta con el regeneracionismo político que el empleado por Rajoy. Para él, la catástrofe griega es un buen argumento de por qué hay que atenerse al itinerario previsto, dejándose de aventuras. Ni elecciones primarias ni, menos, cambios en la Constitución, ni, menos aún, alusiones a pasos a dar en la caótica situación política que se vive en Cataluña. Rajoy no buscaba titulares, eso es seguro: su concepto de la honradez política, que se basa en lo previsible, en no moverse un milímetro de lo trazado, no se lo hubiese permitido.

Ahora falta saber si, con esta filosofía, será capaz de ganar las elecciones que él mismo convocará para este mismo año, y si será capaz de encontrar, si gana, los apoyos que necesitará para gobernar. Personalmente, y tengo a algún compañero de fatigas como testigo, escuché a un asistente decepcionado musitar que «a este paso, nos gana Pedro Sánchez». Quizá no esté justificado tanto derrotismo, pero lo que es seguro es que este sábado no era el día para repetir el discurso pronunciado ya decenas de veces antes. Que es lo que Rajoy hizo.

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