Victoria Lafora

Divergencia.

La formación de Artur Mas, principal impulsora de la lista «Junts pel si», que pretende convertir las elecciones del 27 de septiembre en un plebiscito sobre la independencia de Cataluña, ha sido objeto de un publicitado registro policial a menos de un mes de la cita con las urnas.

Las acusaciones por el cobro de comisiones del 3% que habrían financiado a CDC son antiguas, se hicieron públicas en el Parlament en una intervención de Pascual Maragall. Por eso la decisión de la Fiscalía Anticorrupción, ordenando el registro ahora, precisamente ahora, suenan a maniobra política del Estado para frenar al independentismo. Pero la capacidad de víctimismo de los líderes convergentes (quien no recuerda a Jordi Pujol, cuando fue acusado por el caso Banca Catalana, alegando que atacaban a Cataluña) puede, no sólo no restar votos, sino convertirse en una llamada al cierre de filas.

En sus primeras comparecencias, tras el bochorno de ver a la Policía salir de la sede de CDC cargados de cajas y ordenadores, Artur Mas, copiando la actitud de Rajoy tras el registro de Génova 13, no ha hecho la más mínima mención a lo sucedido. Ya se sabe que lo que no se menciona no existe. Tampoco, y esto es más sorprendente, lo ha hecho Oriol Junqueras, el líder de ERC, quien hasta hace unos meses no habría dudado en hacer sangre. Esquerra asume pues como propia la corrupción de Convergencia, en un suicido político inexplicable.

Sorprendentemente a dos «viejos zorros» de la política como Mas y Junqueras les ha salido un oponente en sus propias filas con el que no contaban. Raúl Romeva, ese hombre de paja que los dos colocaron encabezando la lista unitaria, para evitar la pelea de «que te quites tuú, que me pongo yo», ese figurante que no iba a ser el futuro presidente de la Cataluña libre, les ha salido respondón.

Hace unas semanas ya causó pasmo y asombro al defender en una entrevista que no era dogma de fe el que Mas, tercero en la lista, fuera a presidir la Generalitat. Se tomo como una «boutade» de alguien que está descubriendo los placeres de la fama, al que comparan con el ex ministro griego Yanis Varoufakis por su físico y su atractivo y que luce pectorales de gimnasio.

Pero ayer demostró que se ha creído su papel. Con el marco incomparable del arco de triunfo de Cataluña a sus espaldas, vestido impecable, camisa abierta, gafas de diseño, reclamó a Convergencia «aclarar la situación, ver las responsabilidades y asumirlas». Eso fue a primera hora de la mañana. Al atardecer remató la faena con una frase lapidaria: «Queremos construir una Cataluña libre, pero también limpia». Les ha salido un líder de diseño y Mas y Junqueras no se han dado cuenta.

De momento todo sigue igual, dentro de unas fechas cuando comiencen a filtrarse datos del sumario veremos si la lista unitaria resiste o aparece la verdadera divergencia.

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