Hungría, Polonia, Chequia, Eslovaquia y las antiguas repúblicas soviéticas del Báltico

¿Qué fue del «hombre nuevo»?

¿Qué fue del "hombre nuevo"?
Refugiados sirios se cuelan por debajo de la valla que marca la frontera entre Serbia y Hungría. EP

Hungría, Polonia, Chequia, Eslovaquia y las antiguas repúblicas soviéticas del Báltico son los países de la UE más reacios a admitir a los refugiados que llegan a Europa huyendo de la guerra civil siria o del avance en el norte de Iraq de las milicias terroristas del Estado islámico.

Tampoco Bulgaria o Serbia han acreditado excesiva sensibilidad ante el drama de gentes que lo han perdido todo y huyen temiendo por sus vidas. El caso de Hungría es especialmente repulsivo.

El trato humillante dispensado por algunos policías de éste país a los refugiados -arrojándoles pan por encima de las alambradas, como si fueran animales-, es infamante.

Por no hablar de las cargas policiales y la instalación de concertinas en la frontera. Sorprende que desde Bruselas no se haya requerido al primer ministro Viktor Orbán recordándole los principios y valores que defiende la UE, un club del que Hungría desde su adhesión (2004), no ha dejado de recibir fondos que han contribuido de manera decisiva a paliar las múltiples carencias heredadas de su etapa como régimen comunista.

Ya digo que resulta llamativo -y muy revelador- que los Estados europeos menos sensibles ante el drama de los refugiados, los que les cierran sus fronteras y les niegan su solidaridad, son antiguas repúblicas socialistas. Estados que desde que concluyó la II Guerra Mundial (1945) hasta finales del siglo XX vivieron en la órbita de la Unión Soviética con gobiernos totalitarios que tras abolir la propiedad privada y las libertades alimentaron la utopía comunista.

Ingeniería social en pos de conseguir una lejana redención colectiva que vendría de la mano de una sociedad de hombres libres y solidarios. Era el sueño del «Hombre Nuevo».

Dos generaciones padecieron el experimento. Fallido en todos los órdenes, no solo el político y el económico.

También en el moral, a juzgar por la dureza con la que los actuales dirigentes de algunos de los antiguos países comunistas del Este tratan a los refugiados asiáticos y africanos que buscan amparo en Europa. Conviene no olvidar la Historia porque como decía el gran historiador francés Fernand Braudel: el pasado explica el presente.

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