Carlos Carnicero

En en el cuartel general del PP de la calle Génova se huele el miedo

En en el cuartel general del PP de la calle Génova se huele el miedo
Carlos Carnicero.

Carlos Carnicero dedica este 6 de octubre de 2015 su columna a lo que en su opinión es el temor que embarga a los populares, ante el constante avance de Ciudadanos:

En la calle Génova de Madrid, en las cercanías de la sede del PP, se ha instalado un profundo olor a miedo. El que precede a las grandes catástrofes y a las grandes revoluciones.

Un modelo político se ha acabado. El monopolio del centro derecha del que ha dispuesto el PP desde 1990 ha llegado a su fin. En la dialéctica de ocupar todo el espacio desde la derecha dura hasta el centro derecha, el partido que hoy lidera Mariano Rajoy se ha quebrado.

Probablemente quien primero se ha dado cuenta es Cristina Cifuentes. Ha ocupado el feudo que hasta ahora era de Esperanza Aguirre. Caspa, corrupción, amiguismo y confrontación. Una mezcla letal de la vieja España con el desparpajo de gobernar sin mirar si quiera a la cara de la oposición. Autoritarismo castizo. El tándem Botella&Aguirre como la foto de Rita Barberá y Francisco Camps en un Ferrari presentando la Fórmula 1 en Valencia ha sido letal para este viejo Partido Popular. Cristina Cifuentes se apresura a desmarcarse de «la herencia recibida» y trata de construir el discurso de una derecha moderna.

Solo faltaba un fracaso sonado y la eclosión de un centro derecha moderno, europeo, conciliador y sin arrogancia. La alquimia se produjo en Cataluña el pasado 27 de septiembre: batacazo del PP y excelentes resultados de Ciudadanos.

En la lucha contra la secesión, los ciudadanos catalanes contrarios a la independencia han prescindido del PP y se han arrimado a Ciudadanos. García Albiol, con sus maneras de ‘sheriff’ de condado, sacando pecho al decir «la broma se ha terminado», ha expulsado a quienes podían haber tenido la tentación de confiar en su gestión. Su ocurrencia final ha sido que «miles de catalanes quieren votar al PP pero no lo saben». Quizá esos catalanes no quieren votar el reflejo autoritario y xenófobo que promovía el candidato.

El estado de pánico en el PP refleja que no le salen las cuentas. El posible sorpasso de Ciudadanos en las generales les tiene acartonados. Han tirado de los manuales norteamericanos neocon. Los genes obligan. Y su solución es ni mirar ni mencionar «el elefante». A partir de ahora, la formación de Albert Rivera no existe y toda la energía electoral del PP se va a centrar en arremeter contra el PSOE como un partido radical e izquierdista que amenaza la estabilidad del sistema. No cuela. Difícil imaginar a Pedro Sánchez en una trinchera. Es más sencillo pensar en una alternativa de regeneración democrática formada por PSOE y Ciudadanos.

Cuando un producto está caducado, el mercado lo retira. Y el inmovilismo es una receta letal que se aplica cuando no se tiene ni legitimación ni energías para formular un cambio creíble.

El PP quiere polarizar la campaña contra el PSOE. Ya no es posible porque ha emergido Ciudadanos como un partido urbano, moderno, atractivo para un sector de la juventud y que es también conservador con formas amables.

El PSOE ha salvado la cara en Cataluña donde ha surgido un líder confiable, Miquel Iceta. Y con sus feudos tradicionales y su estructura de partido puede mejorar sus resultados, que fueron muy malos en las últimas generales. Trabajan a fondo para un programa que gane espacio por la izquierda y consolide lo que está a su derecha. Tiene a su favor que Podemos ya no tiene estado de gracia.

El fiasco en Cataluña, la disputa por la pretendida unidad de la izquierda y el cansancio de la prepotencia de su líder le han arrebatado el encanto de la novedad. En muchos bares, cuando sale Pablo iglesias, con su aspecto sobrado, faltón y desaliñado, cambian de canal.

Es sociología o antropología social. Cataluña ha cambiado las modas políticas que exigen líderes confiables. Quizá se haya minusvalorado la imagen penosa de Mariano Rajoy con Carlos Alsina. Un registrador de la Propiedad que no sabe explicar cómo se obtiene y cómo se pierde la nacionalidad española es un esperpento. Y el retrato que quedó con sus balbuceos es letal.

Vistas así las cosas, tenemos bronca servida del PP contra el PSOE, inmovilismo frente al esperpento catalán en donde Artur Mas negocia un programa anticapitalista con las CUP y a Ciudadanos en la cresta de la ola. Tengo ganas, ansiedad, por que llegue la noche del 20-D. Incluso puede que compre lotería de Navidad.

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