Fernando Jáuregui

No equiparo al uno y al otro, porque Rajoy, con todos sus defectos, es un personaje honrado y estimable

No equiparo al uno y al otro, porque Rajoy, con todos sus defectos, es un personaje honrado y estimable
Fernando Jáuregui.

Titula Fernando Jaúregui este 6 de octubre de 2015 su columna » A Más a más, más enredos» y vuelve sobre el siempre recurrente embrollo de Cataluña:

Decía mi padre, un gran tipo, que lo que no está claro es oscuro. No era, no, una perogrullada del tipo ‘un plato es un plato y un vaso es un vaso’. Quería decir, como es obvio, que todo aquello que no se explica con sencillez, todo lo que deja algo oculto a nuestro entendimiento, tiene algo de sospechoso. Y, para mí, todo lo que está ocurriendo, o quizá no ocurriendo, en la política catalana es oscuro. O sea, sospechoso. Es decir, poco de fiar.

El enredo político catalán, que mi amigo Carlos Herrera llama ‘pasión de catalanes’, es mayúsculo. Nadie parece saber quién acabará presidiendo la Generalitat y, por mucho que Romeva y Artur Mas se fotografíen juntos, pero no revueltos, siempre con Oriol Junqueras de telón de fondo, el mensaje que llega a los ciudadanos es el de que aquí alguien está haciendo de Bruto de alguien, que hay cuchillos cachicuernos preparados para hundirse entre los omoplatos de alguien.

Pero existe otro mensaje aún más nítido: ni los de ‘Junts pel Sí’, que están cada día menos juntos, ni los de la CUP ni, menos, los del sector antiseparatista, que andan como perdidos, tienen idea de lo que van a hacer ni de lo que va a ser de esa Cataluña a la que querían salvar. Y tarde llegan algunos profetas a los que se les pedía un gesto preelectoral, cuando ahora, como hace el admirado Serrat, dicen que la independencia no es buena para su tierra, aunque la consulta de autodeterminación sí lo sea.

Así que Junqueras, que es el verdadero jefe del ejército de Pancho Villa, anda pidiendo aparcar el asunto ‘muy menor’ de la investidura de Mas –o de otro, que a saber qué tiene el líder de Esquerra en la cabeza– y centrarse en dar pasos hacia la independencia. Y en esto no debe de estar muy en desacuerdo con la CUP, mientras que los de Convergencia, hasta hace unos pocos meses el partido amo y señor de Cataluña, se desangran por dentro viendo cómo ellos, los muy respetables burgueses de CDC, tienen que transar con esa CUP situada no al filo del sistema, sino, lo que es peor, de la estética. Menudas camisetas llevan.

Es precisamente sobre todo esto, sobre las posibles locuras que se puedan hacer de aquí a la sesión constitutiva del Parlament, a finales de este mes, coincidiendo con la disolución de las Cortes generales, o de aquí a la elección del molt honorable president de la Generalitat, que caerá allá por comienzos de noviembre –quizá el 9, primer aniversario de aquella peculiar ‘consulta’ por la que Mas ha sido llamado a declarar ante los tribunales dentro de poco más de una semana–, sobre lo que Mariano Rajoy tendría que estar tratando.

Pero Rajoy, como los otros líderes nacionales, anda muy ocupado tanteando cómo asentarse en La Moncloa, así que no para de hacer campaña electoral, descalificando de la manera más directa a sus adversarios, gesto este, el de descalificarles, que los adversarios, a su vez, retribuyen generosamente al presidente. Cosas de las campañas electorales, y la casa catalana, sin barrer.

Tuve la oportunidad, el pasado sábado, de encontrarme fugaz y casualmente con Rajoy. En el andén de la estación valenciana. Creo que está convencido de que hay conspiraciones en su contra. Alguno de quienes están con él me dice que soy ‘demasiado crítico’ con el presidente. «Hombre, ahora me iréis a decir que yo también conspiro contra Rajoy», respondo. Tocándose la nariz, el presidente me dice: «todavía tengo olfato y sé que tú no conspiras».

Risas y sigue su camino, tras haber protagonizado un mítin en la capital del Turia, en el que a Pedro Sánchez le ha llamado, nuevamente, ‘radical’, y a Albert Rivera, sin citarle, ‘inexperto’. Pero de Cataluña, ni palabra: ya está situado en la jornada del 20 de diciembre. No parece saber que de que las cosas en Cataluña salgan de una manera u otra depende quizá su permanencia en el principal despacho de La Moncloa. Ni parece darse cuenta de que habrá de pactar, sí o sí, o con el ‘radical’ o con el ‘inexperto’, ‘guapito de cara’, como me definió a Rivera un ayudante monclovita. O con ambos.

Pero, claro, para el 20-D ya estará constituido el Parlament catalán, ya tendremos president de la Generalitat, ya estará formado el Govern que se encargará de dar esos pasos hacia la independencia ‘de Madrid’ o hacia el acuerdo ‘con Madrid’.

Yo, si se me permite repetirlo, estoy convencido de que habrá acuerdo para seguir transitando con unas relaciones tirantes, insatisfechas, entre Cataluña y el resto de España. Pero ese acuerdo no se hará, a menos que cambien mucho ambos sus talantes y sus talentos, entre Artur Mas y Mariano Rajoy.

Y conste que no equiparo al uno y al otro, porque Rajoy, con todos sus defectos, es un personaje honrado y estimable. Y Mas, que ojalá cumpla los propósitos que algún día albergó de buscarse un alojamiento permanente más allá del océano, no lo es.

Pienso que casi cualquiera de las soluciones locas que los de Esquerra, los de la CUP y los que quedan de Convergencia andan buscando para la Presidencia de la Generalitat, incluyendo la presidencia coral que se inventó la CUP, sería mejor para Cataluña y para el resto de España que este mesiánico president en funciones que ya no sabe ni dónde tiene la mano derecha, si en la plaza de Sant Jaume, en Washington o en Quebec. O en Andorra.

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