Jose María Carrascal

Hubo quien intentó sacar provecho colateral del lamentable suceso del AVE y se denunció a sí mismo

Hubo quien intentó sacar provecho colateral del lamentable suceso del AVE y se denunció a sí mismo
José María Carrascal. PD

José María Carrascal apunta este 11 de octubre de 2015 en su tribuna de ‘ABC‘ que titula «¿Sabotaje?», que el parón del AVE en Cataluña del pasado 7 de octubre de 2015 tiene visos de haber sido producto de un sabotaje, aunque dice que hay que esperar en el tiempo a ver si se producen nuevos episodios:

El sabotaje es una de las muchas formas del terrorismo. No de baja intensidad, sino, al revés, la más cobarde, más taimada, más cruel y vil. Vil, al tratarse de un terrorismo indiscriminado, que ni siquiera apunta al enemigo, que puede responder y causarte daño, sino de tirar la piedra y esconder la mano, sin saber siquiera a quién dará la piedra, por lo general a inocentes. Si se confirma sabotaje en las líneas de alta velocidad en Cataluña, cosa cada vez más probable, los afectados son los 13.000 viajeros que no pudieron llegar a su destino a la hora prevista aquel día, y cuantos les esperaban en su casa o en la oficina. Buena parte de ellos, catalanes. Lo que ilustra de la intención de sembrar la alarma y el caos.

Subraya que:

Quién tiró la piedra no lo sabemos. Apuntar con el dedo resulta arriesgado. Pero que hubo quien intentó sacar provecho colateral del lamentable suceso es evidente, pues se denunció a sí mismo. El consejero de Territorio y Sostenibilidad de la Generalitat, Santi Vila, se apresuró a acusar a Adif y a Renfe de «no proteger bien la red ferroviaria de Cataluña», con lo que cometía una desfachatez y un embuste: los Mossos d’Escuadra son los responsables de la seguridad de la red ferroviaria, o sea, el gobierno del que forma parte el señor Vila, y esa red no es «de Cataluña», es la red nacional de ferrocarriles españoles. El citado señor, por tanto, tiró piedras a su propio tejado. Aunque lo de vil se queda cortó, al tratarse más bien de una calumnia, que contrasta con la impecable postura adoptada desde el primer momento por el Gobierno central ante la tropelía, centrándose en atender a los pasajeros afectados y esclarecer los hechos. Sin que se haya subrayado suficientemente que, pocas horas después, se restableció el pleno servicio. Sin que haya habido excusa por parte del señor Vila. Como siempre. Ni condena, que sepamos, de los perpetradores. Como siempre también.

Tiene claro que lo que ha quedado descartado en ese parón de la Alta Velocidad es el robo con fines lucrativos:

Mientras se aclaran los hechos y la identidad de los delincuentes tras ellos, sólo cabe especular con los datos que tenemos. Y descartado el robo con ánimo de lucro -por 20 centímetros de fibra óptica no se monta una operación tan arriesgada y de tal envergadura-, no puede descartarse la hipótesis de que el ultranacionalismo catalán, al haber visto fracasar sus planes plebiscitarios, haya pasado de la acción política -donde hace tiempo está- a la violenta, eso sí, de la forma más segura, como es el sabotaje. Si se trata de una acción aislada de individuos violentos o de un plan de «movilización» de sus seguidores más apocados, aunque sea a empujones, lo sabremos por la continuación, o no, de tales actos. Incluso no descarto que se busque hartar al resto de los españoles del «problema catalán» y lo soltemos en banda. Entonces sabrían los catalanes qué es vivir bajo estos desaprensivos que, por lo pronto, están dejando Cataluña sin ley, sin dinero y sin gobierno.

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