Editorial de 'El País'

Hay que trabajar para encontrarse en una Fiesta Nacional que sea de todos

Hay que trabajar para encontrarse en una Fiesta Nacional que sea de todos

Titula ‘El País’ su principal editorial este 13 de octubre de 2015 «Una fiesta ciudadana» y reflexiona sobre las dificultades de encontar una celebración que sea de todos los españoles:

España tiene dificultades para encontrar un hecho histórico que sirva de cimiento a la celebración de la fiesta nacional. En el momento de instituirse la fecha del 12 de octubre -en 1987- primó la voluntad de reflejar la vinculación americana de España. Podría haberlo sido la Constitución de 1978, como símbolo de superación de pasadas divisiones (la Guerra Civil, la dictadura franquista). Después, las derivas independentistas y las relecturas de la Transición por ciertos sectores críticos han restado poder de adhesión al intento de afirmar uno de los días del año como el de la fiesta de todos.

Sigue:

El hecho es que ahora nos encontramos con una celebración limitada a ámbitos institucionales y carente de la suficiente base popular. No es extraño que la celebración incluya un desfile militar: basta recordar los del 14 de Julio en París para darse cuenta de que otros países democráticos comparten esa tradición, pero la parada militar no debería ser el hecho público casi exclusivo de la conmemoración.

Continua:

Como todos los años, también este se ha pasado revista a las ausencias y presencias de figuras relevantes de la política, con el resultado de dos presidentes autonómicos, Artur Mas e Iñigo Urkullu, que no asistieron, como es habitual; más la nueva presidenta de Navarra, Uxue Barcos, y el líder de Podemos, Pablo Iglesias, que declinó asistir a la recepción convocada por el Rey. No es obligatorio asistir, pero tampoco tiene sentido refugiarse en débiles pretextos para justificar ausencias. Contrasta igualmente la presencia en los actos de la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, con la desabrida descalificación de la fiesta nacional lanzada por su colega barcelonesa, Ada Colau.

Y concluye:

La voluntad de concordia no hace ruido. En vez de movilizar la historia al servicio de intereses partidistas, hay que trabajar para encontrarse en una futura celebración que, con naturalidad, pueda serlo realmente de todos.

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