Alfonso Rojo

Pablo Iglesias y el fenómeno de la ‘coleta’ necesitan sobredosis de publicidad positiva para venderse

Pablo Iglesias y el fenómeno de la 'coleta' necesitan sobredosis de publicidad positiva para venderse
Alfonso Rojo.

Titula Alfonso Rojo este 13 de octubre de 2015 su columna en ‘La Razón’ como «Con faldas y a lo loco» y va de enceusas y de la explosión d ela burbuja podemita:

A este paso, junto a seculares proverbios del tipo ‘la letra con sangre entra» y «donde las dan las toman», terminará haciéndose un hueco lo de «la encuesta para el que la paga».

Lo digo a propósito del sondeo en el que Ciudadanos aparece a la par con PP y PSOE, mientras Podemos se desploma.

Puede ser saludable recordar que la misma empresa demoscópica que ahora vaticina que el 20D tendremos ‘tripartidismo’ en España, es la que hace seis meses certificaba la muerte del ‘bipartidismo’ y la consolidación del ‘tetrapartido». La que hace sólo ocho veía todo ‘morado’ y colocaba en Moncloa a los de Pablo Iglesias con siete puntos de ventaja sobre los populares de Rajoy, 10 sobre los socialistas de Pedro Sánchez y 16 sobre los ciudadanos de Albert Rivera.

No descarto que a dentro de diez semanas, cuando concluya el recuento de las elecciones generales, tenga que tragarme estas sesudas reflexiones, pero empiezo a sospechar que las encuestas se usan cada día menos para reflejar el estado de la opinión pública y cada vez más para intentar orientarla.

Pasa como con los programas de debate político y bastantes informativos. Al fenómeno de la coleta, que tuvo una efervescencia trepidante tras sacar cinco escaños en las europeas, le ha pasado lo que a esos complicados juguetes infantiles que surgen cada Navidad: Necesitan sobredosis de publicidad positiva para venderse.

Como dan ‘share’ y eso eleva los ingresos publicitarios de las cadenas de televisión, los podemitas van a seguir saliendo por doquier y en formatos cada vez más rocambolescos, pero se ha roto el encanto.

Las entrevistas, excepto las que hagan el camarada Monedero y algunos colegas periodistas, han dejado de ser ‘masajes’. Se agota el efecto novedad, aflora la hemeroteca, la repetición de eslóganes satura la pantalla y las homilías televisivas pierden impacto.

A todo eso se suman dos factores. Uno es que Ciudadanos se perfila como receptor alternativo del voto cabreado, que era patrimonio de Podemos. El otro es que la constante ocultación de las banderas, que ejercitan sin rubor Pablo Iglesias y sus cuates, ya no cuela.

Soltar que no considera oportuno asistir a la recepción del Palacio Real porque «su presencia es más útil en la defensa de la justicia social», hubiera levantado hace un año aplausos del sector apalominado del respetable. Ahora ha sonado tan cursi como impostado.

Puesto a inventar excusas y como la Casa Real exigía a los invitados uniforme de gala, vestido corto o traje oscuro, podía haber dicho Iglesias que el no estaba dispuesto a ir con faldas, ni de luto. Nos habría hecho más gracia.

 

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