Luis María Anson

El ciudadano medio tiene la sensación de que el Gobierno Rajoy ha perdido la autoridad, que todo vale

El ciudadano medio tiene la sensación de que el Gobierno Rajoy ha perdido la autoridad, que todo vale
Luis María Anson. PD

Luis María Anson titula en ‘El Mundo’ este 15 de octubre de 2015 «Se desmorona el régimen» y considera que el Gobierno de Mariano Rajoy ha perdido toda clase de autoridad ante la pasividad mostrada con los separatistas catalanes:

Mariano Rajoy venció en las últimas elecciones generales por amplia mayoría absoluta. Cuatro años después, Madrid y Barcelona soportan un gobierno de extrema izquierda; la propaganda proetarra se enseñorea en el País Vasco; Cataluña ha celebrado elecciones plebiscitarias y se ha hecho ingobernable; en Galicia, Baleares, Canarias y Andalucía se multiplican los conatos secesionistas; en media España y en casi todos los canales de televisión se ha perdido el respeto a la Familia Real; a Juan Carlos I se le desmontó de su pedestal en el Ayuntamiento barcelonés; se pitó a Felipe VI y al himno nacional en el estadio del Barcelona; casi nadie obedece en municipios y autonomías; una dama que micciona en plena calle ante los reporteros gráficos y una bella asaltacapillas en pelota viva ocupan cargos de relevancia; la mayoría de las Universidades sindicalizadas han perdido el rango de excelencia… Y es que el régimen se le desmorona a Mariano Rajoy entre las manos. Menos mal que Europa se mantiene firme y el euro sólido, lo que permite que se atenúe la falta de autoridad en España y se maquille la debilidad de nuestras instituciones.

Precisa que:

En líneas generales, la sociedad siente asco por el sistema. Y de forma abrumadora las nuevas generaciones. «Se sangra a los ciudadanos con unos impuestos casi confiscatorios -escribí hace unos meses- y se imponen austeridades asfixiantes menos para la clase política y la casta sindical, que se enseñorean de España. En la Sevilla de los eres y los cursos de formación, en el Madrid de Gürtel y Púnica, en la Barcelona del Palau y las mordidas reconocidas por el propio Parlamento, en incontables ciudades y pueblos españoles, a todas las escalas y todos los niveles, la corrupción se ha convertido en una serpiente que repta arrogante por la geografía nacional».

Y concluye que:

¿Ha reaccionado el Gobierno ante el desafío, denunciado por Joaquín Manso, de alcaldes catalanes que han anunciado su propósito de no pagar impuestos y de promover la desobediencia generalizada? Pues no. «Lo mejor es cerrar el pico», ha declarado Pedro Arriola. El ciudadano medio tiene la sensación de que el Gobierno ha perdido la autoridad, que todo vale. Que todo vale, desde la impertinencia de alcaldes diminutos hasta la febril actividad en favor de los etarras; desde el órdago secesionista en Cataluña hasta los despropósitos en Madrid y Barcelona; desde el desafío abierto a la Constitución hasta la vejación de los símbolos nacionales y de la Familia Real.

Nos queda Europa. No se reproducirá en España lo que sucedió en los años 30 del siglo pasado porque nuestro país está alineado entre las quince potencias económicas del mundo y porque la vida española discurre a través de los cauces de la supranacionalidad europea. Pero parece claro el desmoronamiento del sistema y la necesidad de construir el edificio de la nueva España conforme a las exigencias de las nuevas generaciones.

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