Ignacio Camacho

La idea de Ciudadanos como la marca blanca, hace fortuna en las filas del PP

La idea de Ciudadanos como la marca blanca, hace fortuna en las filas del PP
Ignacio Camacho. PD

Ignacio Camacho reflexiona en su tribuna que al PP sólo le quedan dos meses para sacudirse de encima el estigma de que Ciudadanos no es, ni de lejos, la marca blanca del PP:

Dos meses. Ese es el tiempo exacto que tiene el Gobierno para convencer a sus posibles votantes de que Ciudadanos no es una marca blanca del PP. Un eslogan que ha sufrido un desarrollo paradójico: lanzado desde Podemos para desacreditar al partido naranja ante los electores de izquierda, ha terminado acreditándolo ante los de la derecha, que lo han acogido en efecto como una oferta más moderna, centrada y presentable que el desgastado aparato político marianista. Hasta tal punto es así que ahora mismo representa para los populares una preocupación casi mayor que el PSOE, en la medida que les disputa el apoyo del mismo segmento sociológico.

Detalla que, curiosamente, el más perjudicado con esa impresión de que Ciudadanos es la marca blanca del PP ha sido la formación de Génova 13:

La idea de la marca blanca, que incomoda al propio Albert Rivera por minimizar su autonomía, ha acabado sin embargo por perjudicar más a Rajoy en cuanto ha hecho fortuna entre sus bases decepcionadas, irritadas con la corrupción, con la subida de impuestos, con la falta de consistencia ideológica.

Ha creado un automatismo mental en muchos ciudadanos -con minúscula- acostumbrados a un pensamiento político binario, que piensan en el pacto entre PP y C’s como un entendimiento natural, espontáneo, casi ineluctable, y por ello trasvasan su voto de uno a otro con fluidez despreocupada. Esta confianza está provocando en las expectativas gubernamentales una sangría, en inquietante paralelo con el asentamiento creciente de un PSOE beneficiado por el desplome de Podemos. En la batalla del sufragio útil, que funciona como un doble sistema de vasos comunicantes, la tendencia se está invirtiendo: el PP baja y los socialistas suben como consecuencia simultánea del auge naranja y del declive morado. Por más que les irrite a los partidos emergentes, empeñados en difundir un concepto transversal de la política, la mayoría de los españoles sigue contemplando la contienda electoral en términos de bloques.

Precisa que:

La segunda paradoja de este estado de opinión consiste en que mientras Rajoy intenta concentrar sobre sí mismo la garantía única de vencer a la izquierda, su presunto correlato se mueve en sentido inverso, tratando de acentuar su centralidad para sentirse, llegado el momento de las alianzas, con las manos libres. La estrategia del líder de C’s se basa ahora en ampliar su respaldo entre antiguos votantes socialdemócratas para situarse en medio del escenario y ejercer el poder de decisión definitiva con su propio programa como hoja de ruta. Por eso no ha dudado en blasonar de ese acuerdo con Susana Díaz que decepciona a muchos de sus simpatizantes andaluces: quiere pregonar su independencia, sacudirse la etiqueta de opción B de centro-derecha, cuyo rédito parece dar por agotado, y explorar otros caladeros.

Y concluye que:

En este juego de ajustes finos el PP tiene ahí una oportunidad que debe manejar con cuidado porque al final la reelección del presidente dependerá de que Rivera ponga el pulgar hacia arriba o hacia abajo.

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