Creados por la caverna mediática a partir de la materia muerta del comunismo y los antisistema

Halloween podemita

El pueblo español debe dar calabazas a los monstruos radicales en las próximas elecciones

Halloween podemita
Movil, politica, subvención. Maximino Soriano.

Es del dominio público el hecho -reconocido por los mismos radicales antisistema- de que el monstruo podemita es una creación de la caverna mediática, vendida a los oscuros intereses del Nuevo Orden Internacional.

Cierto, pero cabría preguntarse por la identidad concreta de ese monstruo, y más si tenemos en cuenta que la ocasión es pintiparada para hacer esta investigación, ante la inminencia de la monstruosa Halloween.

Hay varios candidatos a este honor -aunque sería mejor decir a este estigma-, pero se me ocurre que el que tiene más papeletas -o sea, votos- es Frankestein, la terrorífica creación novelesca de Mary Shelley. En realidad, no se le nombra así en la novela, pero todas sus apelaciones -«ser demoníaco», «engendro», «la criatura», «horrendo huésped»- cuadran a la perfección con Podemos.

Frankestein es creado por Víctor, estudiante de medicina en Ingoldstadt, uniendo partes diversas de cadáveres diseccionados que forman un ente con vida cuando se les infunde una chispa eléctrica.

En aquella época -comienzos del XIX- se creía que a través de la incipiente electricidad se podía insuflar vida en la materia muerta.

A esto se le llamaba galvanismo, y también podría aplicarse a esas cadenas de televisión que crean partidos políticos a través de la materia muerta del comunismo, pues Podemos es un monstruo originado a partir de cadáveres amojamados y acartonados, bien putrefactos y hediondos: marxismo, leninismo, trotskismo, maoísmo, chavismo, anticapitalismo, antisistema, etc. Infúndase en estos corruptos despojos una corriente de rayos catódicos televisivos, y ya tenemos a Pablo Frankestein vivito y coleando.

Y ojalá la historia de Podemos termine como la del engendro novelesco, entre los hielos del Ártico: «Tomaré el trineo que me ha conducido hasta aquí y me dirigiré al más alejado y septentrional lugar del hemisferio; allí recogeré todo cuanto pueda arder para construir una pira». Pues hágase. Por cierto, en Ingoldstadt se creó la secta de los «Illuminati», que según algunos autores es la que rige los dominios del mundo en la actualidad.

¿Casualidad?

Siguiendo con este desfile de engendros vomitados por el inframundo, nos encontramos con el «golem», precursor del Frankestein, pues en la mitología judía es un ser animado fabricado a partir de materia inanimada -generalmente barro- que adquiere vida insuflándole una chispa divina. Se le suele representar por un coloso de piedra, fuerte, pero no inteligente, que realiza sus tareas de manera mecánica, como un robot, obedeciendo órdenes que nunca cuestiona.

Sabemos que el objetivo del «golem» podemita es destruir el sistema, pero ¿quién le da las órdenes?: ¿La Trilateral? ¿El Club Bilderberg? ¿El Council on Foreign Relations? Por ahí va la cosa.

Puestos a hablar de este monstruo pétreo, es inevitable referirse a los «Hombres de Piedra» de la serie de «Juego de tronos», que tanto gusta al «Golem mayor». Infectados por la psoriagrís -enfermedad que calcifica la piel y que, cuando afecta al cerebro, hace que se pierda la cordura, algo recurrente en los radikales- los podemitas acaban siendo un peligro, pues esa enfermedad se contagia fácilmente, así que podríamos mandarlos en las próximas elecciones a la tierra de «Nunca jamás», a Valyria, al Ártico, o a cualquier otra tierra deshabitada donde hagan a gusto sus monstruosas mamarrachadas.

Otro monstruo del bestiario podemita podría ser Mr. Hyde, alter ego del doctor Jekyll, sólo que la pavorosa historia habría que contarla al revés, en el sentido de que tenemos a un monstruo radical de izquierdas -Mr. Hyde- que, tomando una poción mágica que se elabora en las retortas alquímicas de las tertulias televisivas, se transforma por arte de birlibirloque en un cándido partido de centro, moderado, cursi y gazmoño, que nunca ha roto un plató, que nunca ha levantado el puño en alto, que nunca ha amenazado con la revolución totalitaria roja, que, en el fondo, es pura socialdemocracia nórdica -¡otra vez el Ártico!

Y, claro, no podía faltar en esta galería de horrores el «increíble Pablo Iglesias», supercamarada marxista que se metamorfosea en Hulk cuando se revitaliza a través de los rayos gamma de las televisiones rojas. Y, ya que estos monstruos parecen ser creación de rayos, hay otro por Vallekas, patria predilecta del Sr. Turrión.

Pero si algunos de estos monstruos resultase anticuado o inapropiado, siempre les quedará a los podemitas el recurso al tópico disfraz de «Ghostface», el espeluznante enmascarado de «Scream» y «Scary movie», con el cual podrían decir aquello de «no habrá clemencia; no habrá vergüenza» -para los de derechas y los ricos, se entiende.

Así que cuidado con este Halloween que se avecina, porque las elecciones -para decirlo con una frase de «Scream»- no son «una película de comedia, sino de terror: la gente vota y muere». La solución en sencilla: darles calabazas a los podemitas en el amenazador Halloween, pues debemos tener presente que, como también dicen en la película de marras, «la tragedia de una generación es la burla de las siguientes».

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