Tres horas después de que Junts pel Si y la CUP hiciesen pública su increíble declaración

La margarita deshoja a Rajoy

La margarita deshoja a Rajoy
Mariano Rajoy. Agencias.

Quienes me conocen saben que no soy precisamente complaciente a la hora de hablar de las iniciativas políticas, ni de la rapidez de reflejos, de Mariano Rajoy.

Creo que ahora hay que hacer una excepción: tres horas después de que Junts pel Si y la CUP hiciesen pública su increíble declaración de intenciones de llevar al recién constituido Parlament la intención de romper con España y crear la República de Catalunya, el presidente del Gobierno central comparecía ante las cámaras de televisión en La Moncloa.

Y, en tono particularmente tajante, ‘garantizaba’ que no se llegará a la independencia de un territorio español y que usará «todos los instrumentos políticos y jurídicos» a su alcance, se supone que comenzando por la aplicación del artículo 155 de la Carta Magna, para impedirlo.

Se augura, así, y por decir lo menos, una muy difícil era en la convivencia entre la Generalitat y el Govern catalán –sea este el que fuera, se constituya cuando se constituya– y las instituciones del Estado, el Ejecutivo central entre ellas.

Este ha sido un martes de máxima preocupación política en España: la declaración de JpS y la CUP puede anticipar una actuación conjunta de ambas fuerzas en las próximas semanas, aprovechando quizá que las Cortes están disueltas y en manos de la Diputación Permanente de Congreso y Senado y aprovechando también la sensación de que el presidente Rajoy vive horas de cierta debilidad. Curiosamente, esta declaración coincidía también con una nueva operación policial contra la familia Pujol. Y, claro, con la campaña electoral ya oficiosamente en pleno apogeo.

¿Supone esta declaración conjunta que finalmente la CUP apoyará a Artur Mas para que siga presidiendo la Generalitat, pese a las duras declaraciones de la formación que bordea el sistema contra la corrupción en el partido de Mas, Convergencia Democrática, todo en aras de seguir ‘avanzando hacia la independencia’? Todo está aún por escribir, lo mismo que la respuesta del Estado: el secretario general socialista, Pedro Sánchez, telefoneó de inmediato a Rajoy –debería, quizá, haber sido al revés, pero– para tratar, dijeron los socialistas, de coordinar una respuesta conjunta al ‘desafío’ catalanista. Veremos si ambos acuerdan poner en marcha, con la connivencia del Tribunal Constitucional, algún tipo de medida derivada de las posibilidades –bastante ambiguas– que abre el artículo 155 de la Constitución, posibilidades que algunos quieren resumir en una posible suspensión de la autonomía catalana. Un paso muy grave, muy serio, que me consta que Rajoy tiene muy pocas ganas de dar, y lo mismo podría decirse, me parece, de Sánchez o de Albert Rivera.

Hasta el mediodía de este martes, ciertamente complicado, Rajoy había deambulado de medio en medio, repartiendo sonrisas que no tiene y seguridades de las que los suyos carecen, aunque a él parece que seguridad en sí mismo no le falta. Le vi cómodo en entrevistas que no tienen por qué serlo, y de las que al cronista le resultaba difícil sacar titulares. No logré esta vez acudir a la rueda de prensa del final de Legislatura –uno siempre había ido a esos escasos encuentros con la prensa, en los que la mayor parte de los asistentes (quien suscribe, nunca) conseguía ‘colocar’ su pregunta, para recibir siempre una respuesta previsible–, pero tampoco he oído o leído unas ideas particularmente nuevas en esta comparecencia. Morirá Rajoy, quizá, de previsibilidad, creyendo que esa es una virtud política, cuando es precisamente lo contrario: aburrir al personal es algo que jamás debe hacer un gobernante. Excepto, si usted quiere, en Suiza, o en Luxemburgo.

Y yo confieso, al menos yo, que me aburro con esas entrevistas en las que el presidente, que siempre me ha parecido persona estimable y un gran primer ministro para Luxemburgo, dice lo que se espera que diga: que no a la reforma constitucional, ni a muchas otras reformas, que tiene lo de Cataluña resuelto, sin concretar, si las cosas se ponen feas –¿más feas aún?– y que bueno, de acuerdo, quizá no haya mantenido todo el contacto directo con la ciudadanía –ni con los medios– que hubiese sido conveniente, pero que toma nota de ese fallo.

Pensaba, y dije, que la coyuntura que vivimos, tal y como está, exigiría otros modos, otros planteamientos. Otras declaraciones a los chicos de la prensa. Ahora, y tras la declaración en ese Parlament que inconcebiblemente está presidido por alguien como la señora Forcadell, sí, la que acabó su toma de posesión gritando «Viva la República Catalana», las cosas han cambiado. ¿O es que una declaración de intenciones de las fuerzas mayoritarias en el Parlament para ir hacia un Estat Catalá no merece alguna explicación por parte del presidente del Gobierno central más allá del ‘ya lo arreglaremos cuando sea preciso’, o que no habrá efecto alguno tras este desafío? ¿O es que, en otro orden de cosas, lo que nos están diciendo las encuestas no hace precisa alguna luz acerca de por dónde piensan orientar sus pactos, sus reformas concretas y sus conversaciones quienes nos están pidiendo el voto? Conste que no le dedico estas líneas solamente al político que tiene más poder todavía en España; podría hacerlas extensivas a los dirigentes de otras formaciones, que parecen a veces atentos solamente a la ocupación –a punto he estado de escribirlo con ‘k’– de La Moncloa, a la toma del sillón presidencial, y que han decidido relegar las soluciones tangibles y específicas, si es que las tienen, para después de las Navidades, cuando confían tomar el turrón en la esperanza de poltronas más confortables.

Debo confesar, sin embargo, que me reconfortó algo, dentro de la desolación en la que todos parecemos haber caído, la velocidad con la que algunos de los principales dirigentes políticos españoles –no conozco aún, a la hora de escribir, si Pablo Iglesias, de Podemos, ha dicho o hecho algo notable al respecto– reaccionaron ante la ‘provocación’ –así la calificó Rajoy; yo pienso que es mucho más que eso– de los independentistas. Eché de menos, en cambio, reacciones más contundentes: una declaración conjunta de las fuerzas no independentistas, una salida a los medios de algunos grandes empresarios en bloque. Lo que han hecho los súbditos de Romeva, de Junqueras, de Baños, ha sido, ni más ni menos, que poner a prueba el sentido del Estado de quienes dicen representar a la ciudadanía. Todo ha experimentado un brusco giro.

¿Será verdad que esta campaña electoral será una más, como las de siempre, una de esas en las que los ciudadanos acudiremos a votar casi a ciegas, sin saber lo que nos depara el destino una vez que hemos entregado nuestra papeleta de voto? Espero, muy sinceramente, que no sea así. Rajoy deshoja la margarita: ¿qué hacer? Atención, no vaya a ser que la margarita acabe deshojando a Rajoy.

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