Alvaro Martínez

Pablo Iglesias, con el mismo tono de telepredicador, entre petulante y faltón, con que se estrenó

Pablo Iglesias, con el mismo tono de telepredicador, entre petulante y faltón, con que se estrenó
Alvaro Martínez. PD

Mucha Cataluña en las columnas de este 28 de octubre de 2015. La deriva separatista se le ha ido definitivamente de las manos a Artur Mas y, como era evidente, desde el Estado ya se ha puesto la primera pica, no en Flandes, sino en la sede misma de la Generalitat: o se cumple la ley o se suspende la autonomía.

Sin embargo, para no cansarles, queridos lectores, con tanta matraca catalana, vamos a empezar con un chismorreo político. ¿Quieren saber cómo llaman los eurodiputados al líder de Podemos? Pasen y lean.

Arrancamos en ABC y lo hacemos con Álvaro Martínez que cuenta un divertido chascarrillo sobre Pablo Iglesias, en concreto el mote que le han puesto en el Parlamento Europeo. Sus señorías continentales están que se salen:

Con el mismo tono de telepredicador, entre petulante y faltón, con que se estrenó hace solo quince meses en Estrasburgo, Iglesias Turrión se despidió ayer del Parlamento Europeo. Y el adiós fue en realidad un homenaje a sí mismo y al mote con el que se ha hecho famoso en los pasillos de Estrasburgo y Bruselas durante este tiempo. Así, «el nieto de Ceaucescu», que es su remoquete en la UE, aprovechó su última vibrante prédica allí para arremeter, entre el menosprecio y el insulto, contra conservadores, socialdemócratas, liberales y todo bicho viviente ajeno al populismo, con esa altanería desbordada propia de un presunto patricio de la democracia, de esos que han mamado la libertad y los derechos humanos en los pechos de la causa bolivariana, madre nutricia (y financiera) de toda la dirección del nuevo Movimiento.

Añade que:

Qué mejor demócrata que un chavista canónico, de esos que encarcelan a la oposición, cierran los periódicos y las televisiones y ponen en fuga a los fiscales que no se avienen a los juicios-farsa. No hay que olvidar que, según Iglesias, «la URSS hizo posible el Estado del bienestar»… Y si no que se lo pregunten a los alemanes del Este, aquellos que morían ametrallados al intentar saltar el Muro para respirar o los que aparecían en «La vida de los otros», espiados hasta el último suspiro por ese comunismo tan presuntamente benefactor.

Y concluye con la pena de que en el vuelo de vuelta no hubiese pasado antes por Barcelona para ver qué se estaba cociendo por esos lares:

De los cinco eurodiputados fundacionales de Podemos solo queda uno; el resto se han ido colocando por aquí, que aquello está muy lejos, siempre está nublado y apenas compensan los 12.000 euros mensuales que el Estado español les paga al mes entre pitos (salario) y flautas (dietas). «Vuelvo a mi país para que no siga habiendo en España gente como ustedes en el Gobierno», afirmó Iglesias antes de coger el avión y venirse «a ganar las elecciones». El vuelo de regreso a Madrid fue directo. Es una lástima que no hiciera escala en Barcelona para que quien pretende ser presidente del Gobierno de España diese la enhorabuena a los cinco podemitas que ayudaron a Forcadell a gritar su «¡Visca la República Catalana!».

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