Francisco Muro

La verdad inventada

Peter Handke, pensador, escritor, dramaturgo y cineasta austriaco, sostiene, hablando de literatura, que «la invención, la ficción, son la verdad». Enfrenta esa afirmación a la literatura de reportaje, periodística, casi indistinguible del periodismo. Handke dice también que «en ninguna parte hay tanta estupidez como entre los políticos occidentales» y que «los que dejaron que los pueblos se mataran entre sí son los verdaderos criminales». Siguen permitiéndolo.

Habla de la ficción en la literatura, pero podría hacerlo de la política y de los políticos que inventan una ficción que se acomoda a sus intereses y acaban por hacernos creer que es la verdad. A la corrupción generalizada durante años -ahora hay más controles, más miedo a ser descubierto, más coste político que hace unos años- se la presenta como una «caza de brujas» o una venganza contra un proyecto político, como sucede en Cataluña, desnuda ya la ficción-verdad del soberanismo. Otros niegan radicalmente la verdad, aunque cada día crezcan los indicios como sucede en el caso de Rodrigo Rato. O la tapan y la esconden, como sucede en los casos de los ERE en Andalucía o de la Gürtel en Madrid y Valencia. «Fueron otros, nosotros no sabíamos nada, no estábamos, nunca nos enteramos», como si todos fuéramos tontos y aceptáramos cualquier cosa. (A veces, lo hacemos).

La ficción, la invención, que es mentira consentida muchas veces, circula libre y altivamente como si fuera verdad. No importan los datos, tercos, relevantes, los hechos, los indicios crecientes. Se niega la verdad y se construye una ficción. La reciente sentencia de la Audiencia Nacional contra los directivos de Nova Caixa Galicia, que se lo llevaron crudo -«apropiación indebida por el cobro de jubilaciones millonarias que ellos mismos se pusieron»-, reconoce que ignoraron la situación calamitosa de la entidad e incumplieron la normativa sobre retribuciones y que fueron cooperadores imprescindibles del delito, pero solo les condena a dos años de prisión e inhabilitación y a devolver 14 millones de euros de los casi 19 que recibieron como indemnizaciones. Los indemnizados deberían ser los ciudadanos que hemos pagado con impuestos sus excesos, sus errores, sus sueldos y el hundimiento de las Cajas de Ahorro que ellos, durante décadas, «administraron deslealmente» como reconoce la propia sentencia.

Dice José María Alonso, el abogado presidente de Baker&McKenzie, que hay una inseguridad jurídica tremenda, que «se debe trabajar sobre la calidad de la Justicia y que los jueces deberían tener ligada su carrera al desempeño, a la calidad de sus decisiones». Es decir, que deberían ser responsables de sus sentencias. No sólo ellos, también los políticos y los administradores de los dineros públicos. Mientras la Justicia no funcione de forma ágil y eficiente, dando seguridad, algunos seguirán consiguiendo que la ficción y la invención ganen la batalla a la verdad. Sin el periodismo, la mayor parte de estos embaucadores de la ficción, en la política o en la economía, seguirían hoy llevándoselo crudo. De momento, algunos mantienen su desafío.

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