No pueden suplantar en ningún caso a la legitimidad de los votos

Si la política española se sigue rigiendo por las encuestas, llegará un día en que impugnarán las elecciones

Si la política española se sigue rigiendo por las encuestas, llegará un día en que impugnarán las elecciones
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Ignacio Camacho critica este 31 de octubre de 2015 en ‘ABC’, con argumentos de peso, que Mariano Rajoy haya dado relevancia a la tendencia que marcan los sondeos para priorizar, después de la reunión con el socialista Pedro Sánchez, a Ciudadanos y Podemos por encima de los partidos con representación en la Cámara Baja:

La democracia es un régimen de opinión pública, pero la opinión pública por sí sola no configura instituciones ni redacta leyes si no se expresa en las urnas a través de mecanismos reglados. Fuera de esas pautas lo que existen son estados sociales de ánimo, para cuya auscultación y medida se inventó una ciencia aplicada que se llama demoscopia y trabaja con sondeos e investigaciones de campo. Esos métodos de exploración no pueden suplantar en ningún caso a la legitimidad de los votos, por mucho que la volatilidad posmoderna los haya elevado a categoría representativa para construir liderazgos paralelos. La legalidad democrática exige respeto a sus propias formas, y de modo muy especial a la vigencia jurídica de los mandatos populares.

Aclara que:

Al recibir a los líderes de los partidos emergentes que aún no han sido investidos por los ciudadanos, Mariano Rajoy ha tomado una decisión sin duda acertada desde el punto de vista político, pero se ha saltado el orden y la lógica institucional que venía respetando con escrúpulo de estadista. Ha dado preferencia a los sondeos sobre la estructura parlamentaria vigente y al hacerlo reconoce que el Parlamento ha quedado desfasado respecto a la realidad de España. Eso equivale a admitir que su mayoría absoluta ya no corresponde a una mayoría social, lo cual es bien cierto; sólo que hasta las elecciones dispone de la posibilidad legal de seguirla utilizando. Y si busca consensos al margen de esa proporcionalidad oficial está, al menos en parte, deslegitimándola moralmente.

Se trata de una cuestión delicada porque, aunque las Cámaras hayan sido disueltas, existen unas Diputaciones Permanentes encargadas de evitar el vacío de poder legislativo. Y la aplicación de eventuales medidas de excepción contra el desafío soberanista descansa sobre esos órganos transitorios… en los que el Gobierno dispone de una mayoría determinante que hacer valer en caso de desavenencia. Las audiencias a Rivera e Iglesias manifiestan la voluntad del presidente de envolver cualquier decisión sobre el conflicto catalán en un marco de acuerdo que trasciende a la composición actual del Congreso y del Senado. Un criterio tan pragmáticamente irreprochable como formalmente discutible en lo que afecta al rango de prioridades.

Y subraya que no le falta razón a los partidos pequeños pero que, a diferencia de las formaciones de Rivera e Iglesias, cuentan con representación en el Congreso de los Diputados:

En ese sentido las protestas de las minorías preteridas en los diálogos de la Moncloa están puestas en razón. El instinto político de Rajoy consagra el demoscópico tanto como desplaza el papel de unos partidos que hasta el 20 de diciembre gozan de la misma legitimidad representativa que el Gabinete. Y viene a darles la razón a quienes gritan en la calle que este Parlamento no los representa. No es cuestión menor; si la política española se sigue rigiendo por los estudios de opinión va a llegar un día en que alguien impugnará las elecciones porque su resultado no se ajuste al pronóstico de las encuesta.

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