Raúl del Pozo

«Esta guerra no es nueva, es la guerra de los mil años»»

"Esta guerra no es nueva, es la guerra de los mil años""
Raúl del Pozo. PD

Raúl del Pozo recuerda en su tribuna que estamos en una guerra permanente, que lo que está pasando en Francia o en Siria es continuación de lo que viene sucediendo desde hace más de un milenio:

No es nueva, es la guerra de los mil años. Especialmente en España, donde dura desde la batalla del Guadalete a las guerras del Golfo y de Irak, pasando por las guerras de África donde pelearon nuestros padres. Desde que San Agustín defendió la virtud de la guerra justa y Mahoma llamó a la yihad, estamos matándonos. Esta misma generación ha escuchado los silbidos de los scud y los vuelos de los B-52 y se ha dividido entre los pacifistas de buen corazón y los partidarios de la guerra justa. Hoy, la ferocidad del IS da argumentos a los estados mayores para emplear la legítima defensa después de los ataques a las ciudades de Nueva York, Londres, Madrid y París.

No es buen momento para los pacifistas. Como dice el gran teórico de la guerra Carl von Clausewitz: «Algunas almas caritativas podrían hacerse la idea de alguna manera milagrosa para desarmar o derrotar al enemigo sin causar dolor». Ahora, eso parece imposible. El enemigo no es, como podría parecer, un foco irregular. Tiene detrás millones de reclutas potenciales y una gran facilidad para financiarse con la venta de petróleo, con secuestros, la toma de rehenes y atracos a bancos. Como en Vietnam, los insurgentes se han apoderado de la espantosa máquina militar que dejaron los americanos en Irak. Es verdad que no hay que confiar sólo en la fuerza de las armas, sino en la fuerza de la razón, de la moral, pero el primer deber de un país amenazado es la ofensiva y el contraataque.

Recalca que:

Es lo que ha hecho Francia. Los cazas galos han atacado Raqqa, capital del IS, Estado Mayor de los insurgentes, depósito de armas. En el arsenal destruido no estaba el arma invencible de los yihadistas: el terror. En la guerra no se trata de convencer, sino de vencer; y el enemigo, además de ser una bomba atómica de terror, posee otra arma tan poderosa como la bomba atómica: los combatientes suicidas. Como los kamikazes que iban al santuario Yasukuni, los del IS rezan antes de matar y luego se inmolan. Los teóricos de la guerra analizan ese terrible poder basado en la desesperación y la locura.

Otra cosa es la fascinación por el abismo de los jóvenes europeo-árabes educados en democracia. Resulta asombrosa esa seducción, esa epilepsia bárbara, ese resplandor de la muerte que hipnotiza. Después de Auschwitz o Treblinka, creíamos que nunca más volveríamos a ver el matadero de Europa, pero hemos vuelto a verlo. Dice algún joven-viejo filósofo que la fascinación por el terror y la crueldad nace de la filosofía y pone el ejemplo de Heidegger, que vio a Hitler como un Dionisio de Siracusa, el tirano que debe acompañar la reflexión del filósofo.

Pone el punto final en que:

Europa se ha hipnotizado con el terror desde las hogueras de la Inquisición a los campos de exterminio. Para Albert Camus, en el viejo continente los cadáveres apestan, hiede la memoria de los sádicos, verdugos despiadados, que practican el tiro disparando a los ojos de los judíos del campo de prisioneros. Esta matanza continúa. No se consiguió el hombre nuevo, sino un hombre cada vez peor.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA
Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído