José María Carrascal deja con las vergüenzas al aire a la izquierda por querer aprovechar los atentados yihadistas del París del 13 de noviembre de 2015 para decir que hay que elegir entre libertad o seguridad:
Ante el terrorismo, con ese aire farisaico que ha convertido en sus señas de identidad, la izquierda intenta convencernos de que hay que elegir entre seguridad y libertad. ¡Por favor!, ¿no se dan cuenta de que son las caras de la misma moneda? ¿Para qué nos sirve la libertad si no hay seguridad? ¿Para quedarnos encerrados en casa temiendo que nos asalten o maten en la calle? ¿No será que Estado Islámico les ha roto los esquemas y no saben dónde encajarlo? Antiimperialista, anticapitalista, antiliberal, anticristiano como ustedes, les cuesta condenarlo y buscan una excusa para no unirse al pacto antiyahidista. Ahí tienen a Iglesias, rechazándolo abiertamente, y a Sánchez, poniéndole condiciones. O a Paul Krugman diciendo que los atentados «no son un intento de destruir la civilización occidental, sino un intento de sembrar el pánico». Con lo que el premio Nobel demuestra saber aún menos de política que de economía, donde se ha cansado de anunciar el desplome de la nuestra. Esta izquierda nuestra, que se inventó la Primavera Árabe, se rinde ante nuestros verdugos.
Apunta que:
Pues todos ellos critican que se hable de «guerra», como el enfermo que cree que con no hablar de su enfermedad esta desaparece. Pero guerra la hay. Una guerra sin fronteras ni cuartel a Occidente, que no hemos declarado, sino que nos han declarado. Pregúntenselo a los familiares de sus víctimas en Nueva York, Londres, Madrid o París. Lo que no hay es inteligencia para entender el mundo tal cual es, sino a través de las lentes distorsionadas de una ideología que se quedó anacrónica tras la caída del Muro de Berlín y hoy nos invita al suicidio. Incluso puede haber detrás un deseo inconfesado y compartido con los asaltantes: el del desplome de Occidente. Ya que este no se ha hundido con la crisis económica, como predecían, y que el cambio climático tardará siglos en hundirlo, que lo hundan los yihadistas, que tienen medios más expeditivos.
«No hay almuerzo gratis», dice el refrán norteamericano. Ni almuerzo ni nada. Hay que pagar por todo, y estoy seguro de que las inmensa mayoría de los franceses, norteamericanos, alemanes, italianos, etc., etc., e incluso españoles, aceptan colas más largas en los aeropuertos, controles más estrictos en las comunicaciones y otros dispositivos de seguridad destinados a hacer más difícil que los terroristas atenten contra nuestras vidas y las de las personas normales, que queremos ir a los conciertos, sentarnos en las terrazas o simplemente pasear por la calle a cualquier hoy del día o de la noche. Y estamos dispuestos a pagar por ello.
Y recuerda quién le dio alas en España a estos terroristas del Estado Islámico:
Aunque algunos parece que no. Ahí tienen a Moratinos diciendo que a Estado Islámico lo creamos nosotros. Algunos, puede ser, porque la Alianza de las Civilizaciones que ideó su jefe, Zapatero, y usted se encargó de poner en marcha, dio alas a todo tipo de proyectos, entre ellos la reconversión de Andalucía en el Al Ándalus musulmán. Lástima que no se le ocurriera también que los ingleses nos devolvieran Gibraltar, donde sueñan, como en EI, que vuelva a ser ministro, y su jefe, presidente. Pudiera ser, con otro nombre.

