Enric González

«Somos un pueblo sometido a la vergüenza de los cadáveres aún en las cunetas»

"Somos un pueblo sometido a la vergüenza de los cadáveres aún en las cunetas"
Enric González. PD

Enric González aprovecha lo sucedido en Francia con los atentados para destacar que mientras allí late un sentimiento unitario de nación, en España nos tiramos los trastos a la cabeza intentando saber quiénes somos:

Algunos habrán sentido, estos días, envidia de los franceses. No por el terror y la sangre, evidentemente, aunque alguien habrá en esa franja lunática, sino por la unidad, el coraje cívico, el sentimiento de orgullo compartido bajo unos símbolos poderosos: una bandera limpia de escudos heráldicos y un himno que habla de libertad y de lucha contra la tiranía. Algunos habrán pensado que Francia supo en su momento construirse como nación, mientras aquí abajo nos pasamos la vida tirándonos los trastos a la cabeza y tratando de averiguar quiénes somos.

Esto último, lo de quiénes somos, tiene una respuesta tan fácil como insatisfactoria: somos el pueblo más fantasioso del mundo. Por lo demás, lo somos todo y, por tanto, no somos nada. Sabríamos quiénes somos si supiéramos de dónde venimos, pero eso resulta imposible. El pasado español es una reinvención constante.

Subraya que:

El nacionalismo catalán (conviene distinguir entre nacionalismo e independentismo) suscita no pocas ironías por su capacidad de ensoñación: la Cataluña con mil años de historia nacional, la Cataluña que fue independiente y feliz, la Cataluña invadida por Felipe V en el siglo XVIII y por Francisco Franco en el siglo XX, etcétera. En ese ámbito, sin embargo, el resto de los españoles no tienen nada que envidiar a los catalanes.

Hay quienes creen que en la Guerra Civil hubo un bando intrínsecamente bueno y otro intrínsecamente malo; hay quienes creen que el franquismo fue una continua ebullición de la resistencia democrática; hay también quien cree que el franquismo fue la salvación de España porque creó una clase media, sin preguntarse por qué en toda Europa occidental ocurrió exactamente lo mismo en las dos décadas gloriosas (1950-1970) sin necesidad de Franco; hay, por fin, quien piensa que la transición hacia el régimen constitucional fue modélica, sin tener en cuenta detallitos como la fallida conspiración gaullista del general Armada en la que participaron, del Rey abajo, bastantes figuras institucionales de la época.

Y asegura que somos incapaces de afrontar nuestra propia historia:

Somos, en general, un pueblo incapaz de encararse con su propia historia. Somos un pueblo sometido a la vergüenza de los cadáveres aún en las cunetas, del revanchismo tardío, de la opacidad, de la ignorancia. Somos un pueblo que pasa página antes de leerla, y luego se inventa el texto. Y aún así vamos tirando. Debemos tener grandes virtudes ocultas.

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Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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