Victoria Lafora

Candidatos y campaña del 20D: Menos espectáculo y más debates

Candidatos y campaña del 20D: Menos espectáculo y más debates
Victoria Lafora. PD

Por el entusiasmo con que recorren los platós de televisión y los estudios de las radios en programas de variedades, del corazón, de deportes, los dirigentes de los cuatro partidos PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos, parece que optan a abrirse un hueco en el mundo del espectáculo.

Pero no. Aspiran a ganar unas elecciones y a gobernar este país y los ciudadanos exigen que se les cuente con que propósito y alcance. Su equipo de asesores les ha debido convencer de que esta sobre exposición mediática en formatos tan alejados de su actividad cotidiana los hace más cercanos. A veces, tan cercanos que su actuación roza el ridículo.

Todo empezó cuando un muchacho con coleta, que debatía a diestro y siniestro y era el rey de las tertulias, se convirtió en el líder de una formación, heredera del 15M, que subió como la espuma.

Los demás comprobaron que le habían dejado un hueco en el plasma que no llenaba ni Mariano Rajoy con sus soporíferas comparecencias en la sede de Génova y sin preguntas de los periodistas. Luego siguió el dirigente del PSC, Miquel Iceta, y sus bailes de salón en la campaña catalana, donde superó los malos augurios de las encuestas.

A partir de ese momento fue la desbandada. El que no baila, no canta o incuso suelta una lagrimita en algún plató cree que no existe para la opinión pública. Incluso Rajoy, tan sieso, tan formal, acude a un programa de deportes (bueno, es que en esa materia es un experto) y recita las alineaciones de los equipos de primera división, bromea con el seleccionador nacional de fútbol y «confiesa» que va al dentista. También Pedro Sánchez, en el mismo medio, relata sus inicios en el baloncesto y sus lesiones deportivas. Todo muy entrañable y cercano.

Pero, ¿qué hay de lo nuestro?, ¿qué hay de los problemas del país? Porque, sobre la precampaña, que está a punto de acabar, pesan dos conflictos gravísimos. El uno es Cataluña, enrocada en su propuesta independentista, que vive un impasse por las dificultades de la CUP para apoyar a Artur Mas. Todos los llamamientos de una parte de la sociedad civil catalana para que se rectifique no han tenido respuesta. CDC agoniza hundida por la corrupción y a sus dirigentes solo se les ocurre cambiar las siglas.

Y qué decir de la amenaza del terrorismo yihadista que tiene paralizada y colapsada a media Europa. Francia reclamando la ayuda que contemplan los tratados y aquí los candidatos a la Moncloa poniéndose de perfil.

Son necesarios, imprescindibles, los debates a cuatro. Esa práctica tan generalizada en las democracias occidentales y tan escasa por estos lares. Rajoy no puede seguir escondido y enviando a la vicepresidenta en su lugar. ¿Acaso es ella la candidata y no nos habíamos enterado? Tampoco vale dejar una silla vacía, ni debatir solo con Pedro Sánchez. Las encuestas dibujan un futuro Parlamento más diversificado y multicolor. Queremos verles discutir sobre los temas de los que hablan en sus reuniones en Moncloa, sobre futuros pactos, sobre acuerdos o desavenencias en cuestiones de Estado. Ya no bastan ni los eslóganes ni los bailes.

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