Arcadi Espada

«Rivera e Iglesias son dos jóvenes que atienden en la barra del Tío Cuco»

"Rivera e Iglesias son dos jóvenes que atienden en la barra del Tío Cuco"
Arcadi Espada. PD

Arcadi Espada tiene claro de inicio que la campaña va a ser un duelo de uno contra dos. Por un lado, Mariano Rajoy, por el otro el ticket Rivera-Iglesias. A Pedro Sánchez, ni lo considera:

La campaña está muy animada. Hay una confrontación durísima entre la nueva y la vieja política. Por un lado está el presidente Rajoy, que juega a garrafina en un rincón del Hogar del Jubilado. Al que entra va diciéndole: «¿Qué se ofrece?». Por el otro hay dos jóvenes, que atienden en la barra del Tío Cuco, y que incluso al que no entra le espetan «¡Hola, chicos!». Cuando no «Holi». Puede que algún lector advierta que hay un error y que falta uno. No hay error.

Las personas de mi edad y condición están sometidas a una decisión difícil. A mí me reciben con el «Qué se ofrece» y veo la botella de Tío Pepe sudando al lado de la cafetera. Y lo peor es que ya sé que todo acabará con el atroz «Buen provecho». Pero la otra hipótesis es harto complicada, igualmente. Cuando saltarines y bronceados por la luna led me reciben al grito de «¡Hi, guys!» me parece bien y tal, pero yo no soy gay. Por el momento.

Subraya que:

Las dificultades prosiguen luego del saludo inicial. Del viejo Rajoy cabría esperar sobre todo autoridad. Viene de un mundo donde las jerarquías aún eran nítidas, siglo XX, ¡cambalache! Sus votantes no solo pueden perdonarle que desprecie el acostarse con niños; es que muchos de ellos se sentirán orgullosos de que todo un presidente del Gobierno (parece increíble, pero aún hay gente que dice «todo un presidente del Gobierno») rehúya participar en ceremonias pueriles. Pero es difícil que acepten que «todo un presidente» (eufemismo, al fin, de «todo un hombre») se comporte como un animalito manso y chamberlain y no haya sido capaz de meter en cintura al desleal presidente de la Generalidad. Al viejo Rajoy y a sus desprecios le faltan surcos de verdad en la cara.

Y le mete dos buenas andanadas a Podemos y Ciudadanos:

De los muchachos se transige con sus saludos de waterpolo y ese vigilante desaliño indumentario, tan propio de adolescentes. Pero se exige novedad. Lo peor que le puede pasar al votante de C’s o Podéis no es que corra un riesgo, sino que no lo corra. No sorprende que las actuales propuestas políticas concretas del partido de Pablo Iglesias sean de una vacua ramplonería. Era un partido que nacido para asaltar los cielos ha acabado estrellándose en el puto suelo. Más preocupantes son, en cambio, los problemas de C’s para vincular realidad y novedad. Su líder en Cataluña ha ofrecido un pacto a los separatistas si abandonan su propensión a la ilegalidad. Y el problema no es que la princesa Arrimadas salga rana sino que reincida en el desconocimiento secular del carácter escorpión.

Pero sobre esta crisis española ya habló Gramsci: lo viejo no acaba de nacer y lo nuevo no acaba de morir.

Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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