David Jiménez

«Los españoles somos un electorado mucho más dócil con los incumplimientos»

"Los españoles somos un electorado mucho más dócil con los incumplimientos"
David Jiménez. DJ

En El Mundo, su director, David Jiménez, dedica su tribuna dominical a hablar sobre las promesas electorales con las que bombardean estos días a los ciudadanos los partidos políticos:

Si, como decía John McCarthy, sólo hay una cosa más perjudicial que un político que olvida sus promesas electorales, y es uno que trata de cumplirlas, en España estamos de suerte. Son tantas las ofertas electorales que nos llegan estos días, y tan evidente el oportunismo de muchas de ellas, que es difícil no compartir el cinismo del difunto profesor de la Universidad de Standford y concluir que la mayoría se anuncian sin ninguna intención de hacerlas realidad.

El incumplimiento de la promesa electoral es directamente proporcional a la falta de memoria política y conciencia crítica de una sociedad. En Estados Unidos, por ejemplo, los candidatos se andan con mucho cuidado a la hora de proponer compromisos fiscales desde que George Bush (padre) pidiera que leyeran sus labios -«no habrá nuevos impuestos»-, y después se desdijera. Perdió la reelección. En otros países existe la costumbre de exigir las compensaciones electorales por adelantado. El ex primer ministro de Tailandia, Thaksin Shinawatra, solía presentarse en los mítines de aldeas del norte del país con vacas y sacos de arroz. «Las promesas no llenan el estómago», decían los indecisos al comprometer su voto para el cacique.

Apunta que:

Los españoles somos un electorado mucho más dócil. No solemos reclamar los términos del contrato que los políticos firman en sus programas electorales. Nos quejamos mucho de sus incumplimientos, para luego volver a votarles con esa fidelidad militante -¿hasta qué punto la romperán los nuevos partidos?- que en España sólo se concede a los partidos políticos y a los equipos de fútbol. Y, así, el político le ha ido perdiendo el respeto al votante como lo haría un comerciante tramposo con una clientela que nunca reclama la garantía.

Ni siquiera se trata de esperar que las promesas se cumplan siempre, que ya sabemos que no es posible, sino de que exista esa intención de honrarlas que transmitía Adolfo Suárez con su «puedo prometer y prometo…» del cierre de campaña del 77. Prometió, entre otras cosas, poner los intereses nacionales por encima de los suyos y lo hizo hasta el día de su despedida, cuando llegó a la conclusión de que su dimisión era más beneficiosa para el país «que mi permanencia en la Presidencia». Sí, hubo un tiempo en el que algo así podía ocurrir en España.

Recuerda que:

Quizá porque ese concepto de responsabilidad política se ha perdido, y muchos lo añoran, se ha convertido en tradición arrimarse al legado de Suárez cada vez que se acercan elecciones generales. Esta semana teníamos a un buen número de políticos reivindicando su nombre y haciéndose selfies junto a la estatua del líder de la Transición en Ávila. La escena tiene el inconveniente de que nos recuerda más las diferencias de la clase política actual con Suárez que sus similitudes.

Finaliza que:

Al final, que los políticos se tomen en serio sus compromisos depende de su honestidad, pero más aún de que se enfrenten a una ciudadanía exigente. Si fuéramos otro tipo de electorado, uno que no asume que los programas están para incumplirlos, que decía Enrique Tierno Galván, la televisión pública hace tiempo que habría dejado de ser manipulada por el partido que gobierna, el Consejo General del Poder Judicial se elegiría con menor intervención política y el Senado sería una cámara útil, en vez del cementerio dorado de fieles militantes del partido. Si defraudar las expectativas electorales tuviera consecuencias, nuestros escolares serían bilingües hace ya tiempo, no habría lista de espera en los hospitales y la inversión en ciencia sería la que corresponde a un país desarrollado. Si nuestros políticos estuvieran hechos de la misma pasta que Suárez, ese espejo en el que dicen mirarse, repetirían aquello de «puedo prometer y prometo». Y después, si no cumplieran, se enfrentarían al coste político de haber fallado a los ciudadanos.

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Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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