Fermín Bocos

El podemita Pablo Iglesias: Uno más de la casta

El podemita Pablo Iglesias: Uno más de la casta
Fermín Bocos. PD

Lo que va de ayer a hoy. Ver al ciudadano Pablo Iglesias en la recepción organizada en el Congreso como homenaje a la Constitución nos trajo el recuerdo de quienes acamparon el 15 de mayo de 2011 en la Puerta del Sol de Madrid. Eran alrededor de unos cuarenta; más tarde llegaron más.

Meses después acabaron rodeando el Congreso de los Diputados al grito de: ¡No nos representan! Por aquel entonces, Iglesias predicaba contra quienes denominaba la «casta». Cuatro años después, el pasado domingo, coincidió con algunos de ellos en el Salón de los Pasos Perdidos.

La democracia es así: todos caben en ella. Incluso quienes alientan discursos incendiarios que rozan la periferia del sistema. El mérito de Iglesias consiste en haber ha sido capaz de articular en muy pocos meses una estructura de movimiento político que recoge las aspiraciones de quienes antes de que él saltará a la fama desde los platós de televisión ya se proclamaban «indignados» por la pasividad de los partidos mayoritarios ante los casos de corrupción y los desahucios.

Irrumpió en la política haciendo suyo el viejo eslogan marxista del asalto a los cielos y ahora ya va por la socialdemocracia. Hay elecciones y lo que toca es moderar el discurso y la imagen. Hasta tal punto que lleva en sus candidaturas ¡nada menos que a un ex JEMAD! Y a una juez, ahora en apuros. Su mayor logro ha sido conseguir ser aceptado en el club de la denostada «casta».

El día en el que Mariano Rajoy le convocó a La Moncloa, marcó un hito en la agenda de este profesor universitario un punto narcisista pero listo. Muy listo. Las encuestas pronostican que Podemos será la cuarta fuerza con algo más de 30 escaños, pero pase lo que pase el próximo 20D, él ya habrá llegado.

Si damos por buenos los sondeos, Podemos le «robará la cartera» a Izquierda Unida, la marca blanca del histórico Partido Comunista de España. Ideológicamente, Podemos más que un partido es un movimiento arracimado alrededor de la personalidad de su líder. Un líder que al aceptar las reglas del juego pasa a formar parte de la tan denostada «casta» política.

Solo el tiempo nos dirá si con Iglesias pasará algo similar a lo que tantas veces se ha visto en la Historia: el pirómano que acaba siendo bombero. Incluso jefe de bomberos. Ya lo decía el poeta mejicano José Emilio Pacheco, tarde o temprano, las gentes sensibles acaban siendo todo aquello que combatían cuando tenían veinte años.

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