Casimiro García-Abadillo

«Si yo fuera Sánchez, Rivera o Iglesias hubiera preferido debatir con Rajoy»

"Si yo fuera Sánchez, Rivera o Iglesias hubiera preferido debatir con Rajoy"
Casimiro García Abadillo. PD

Casimiro García-Abadillo vio inconmensurable a la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, en el debate con Sánchez, Iglesias y Rivera:

Si yo fuera Pedro Sánchez, Albert Rivera o incluso Pablo Iglesias hubiera preferido debatir con Mariano Rajoy a hacerlo con Soraya Sáenz de Santamaría. Me refiero naturalmente al formato a cuatro, como el que pudimos ver ayer en Atresmedia. En los cara a cara, como el que tendrá lugar el próximo día 14, el presidente suele encontrarse más seguro, capaz de compensar sus carencias telegénicas.

La vicepresidenta, como abogada del Estado, es concienzuda en el estudio de los temas, pero se mueve con mayor soltura ante las cámaras que Rajoy, tiene un perfil más amable, aunque sabe ser dura cuando la ocasión lo requiere y, además, cuenta con la ventaja de ser la única mujer entre los candidatos.

El convencimiento de que Soraya es más efectiva que su jefe en este tipo de confrontaciones (en la organizada por El País el jefe de campaña del PP también intentó colarla, pero no lo consiguió) es lo que ha llevado a Moragas a dejar a Rajoy en el banquillo. «Si el presidente ha decidido dar un protagonismo especial a Soraya no es porque ya esté pensando en ella para que le sustituya, sino porque quiere ganar las elecciones y, para ello, utiliza sus mejores armas», asegura un miembro del Gobierno.

Apunta que:

El gran error de los que han comprado gustosos la teoría de la llamada operaciónMenina, los mismos que argumentan que el presidente no fue al debate de ayer por «cobardía», es creer que Rajoy va a aceptar retirarse, dimitir, si gana las elecciones pero no logra pactar con Ciudadanos. Es decir, que está dispuesto a dejar la presidencia a Soraya por imposición de Albert Rivera. Algunos no se cansan de confundir sus deseos con la realidad.

Ni Rajoy tiene esa hipótesis en la cabeza, ni Génova aceptaría por muchas razones ese cambalache, que dejaría en una posición de sumisión insostenible al PP justo frente al partido que ha crecido a sus expensas.
Aunque la operación Menina ha tenido como gran difusor al líder de Podemos, ha sido recibida con cierto alborozo por algunos miembros del Gobierno. No tanto porque éstos crean que tal movimiento esté en marcha, sino porque pone bajo el foco de la crítica a la persona que ha generado mayores recelos en el llamado G-8 por su «excesiva» acumulación de poder.

Dice que:

El PP va a quedar muy lejos de la mayoría absoluta pero, a día de hoy, y según el consenso de todas las encuestas, es el partido que va a ganar las elecciones, incluso con cierta holgura sobre su inmediato perseguidor, sea el PSOE o Ciudadanos.

No veo a Pedro Sánchez organizando una «coalición de perdedores» (sobre todo si el PP le saca a los socialistas un buen puñado de diputados), ni a Rivera pactando con el Partido Socialista y con Pablo Iglesias con tal de echar a Mariano Rajoy del palacio de La Moncloa.

Y concluye que:

Así que, si no pasa nada relevante de aquí al próximo día 20, lo más probable es que nos encaminemos a un Gobierno popular, presidido por Rajoy, con apoyos puntuales de Ciudadanos. Es decir, un Gobierno débil para una legislatura seguramente corta.

El de Santiago no quiere ser menos que sus predecesores en la presidencia (todos han repetido al menos dos veces) y está haciendo todo lo posible para ganar. Cree que Soraya le da votos al Partido Popular y por ello ha decidido que juegue todos los partidos que sea menester. Aunque a algunos les gustaría, Soraya no es Cheryshev.

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Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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