Fermín Bocos

la proclivida periodística a declarar sus preferencias por uno u otro candidato

la proclivida periodística a declarar sus preferencias por uno u otro candidato
Fermín Bocos. PD

Fue presentado como la madre de todos los debates pero, a la postre, fue uno más. Eso sí, consiguió mucha audiencia. Al personal se le nota con ganas de hablar y oír hablar de política. Faltó quien ha sido Presidente del Gobierno durante los último cuatro años y, en consecuencia, responsable político de lo bueno y de lo malo de la legislatura.

Pero, pelillos a la mar. España sigue siendo diferente y la cosecha de cínicos abundante, así que quien dio la cara en su lugar fue la Vicepresidenta en funciones, Soraya Sáenz de Santamaría.

Teniendo en cuenta el papel que la había correspondido, salió airosa del trance aunque lo pasó mal cuando Albert Rivera (Ciudadanos) recordó el famoso e infamante tuit de Mariano Rajoy a Luis Bárcenas, el tesorero infiel.

También Pedro Sánchez (PSOE), atacó por ese flanco recordando los procedimientos judiciales que tiene abiertos el PP. La corrupción, los casos de corrupción, son la kriptonita que debilita a los líderes populares en los debates.

En relación con el resto de los problemas del país, echan mano del argumentario: Zapatero dejó a España al borde del abismo; estuvimos a punto de ser rescatados; seguimos teniendo muchos parados pero hemos vuelto a crear empleo; hemos plantado cara al desafío separatista…

En todo y cada uno de estos asuntos la candidata Sáenz de Santamaría demostró que las sesiones de control de los miércoles en el Congreso son una buena escuela.

Con Rajoy -inexcusable ausencia- el debate habría sido más intenso por sangrante. Respecto de Soraya, pese a las apariencias, los restantes candidatos mantuvieron un cierto «fair play».

Cortesía que no guardó Sánchez respecto de Pablo Iglesias (Podemos) ni éste respecto del líder socialista. Iglesias parece que sueña con los votantes del PSOE y a Sánchez el nombre de Iglesias le envenena los sueños. Los pronósticos de las encuestas jugaron un papel importante en el ánimo y en el estado de nervios con el que se mostraron los candidatos.

A Rivera, pese a la larga experiencia que tiene en debates se le vio impaciente, acelerado, incluso. Iglesias que estuvo bien en la palabra y en el lenguaje corporal tuvo un par de gazapos que el infantilismo que patrulla la Red se apresuró a convertir en la comidilla de la noche.

Sánchez que tiene buena voz, telegenia y un discurso de oposición que no es radical y que por lo tanto puede calar de manera transversal en el electorado no aprovechó la ocasión para dejar atrás a su competidor más cercano.

Al no tratarse de un partido de fútbol quien se anime a señalar quien ganó el debate lo que hará es, simplemente, declarar sus preferencias por uno u otro candidato.

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