Santiago López Castillo

El Senado, otra cocurrencia más

El Senado, otra cocurrencia más
Santiago López Castillo. PD

Dice el refrán que cuando el diablo no tiene nada qué hacer, mata moscas con el rabo. Y es que la ociosidad -con respeto para los políticos activos, que los hay y muchos- tiene no pocas ocurrencias. El PSC -ese grupúsculo socialista que lo mismo le da carne que pescado, la independencia de Cataluña que la territorialidad de España, imagen y semejanza del vendedor de corbatas de El Corte Inglés, al señor Sánchez le llaman por teléfono; el PSC, trataba de decir, en voz del melifluo Miguel Iceta, no se le ocurre otra idea que hacer un Senado «federal» en Barcelona, concretamente en La Sagrera, que les daría a los secesionistas mucho pisto (no explica si ese Senado habría de ser trasplantado de la plaza de la Marina Española, auténtica maravilla pictórica, al barrio barcelonés citado como un mercadillo). Da igual, el caso es tener una cámara, la de los horrores también vale; tribunales; hacienda; mosos, más o menos; moneda, la depela no, es franquista, y… ejército con pólvora del rey.

No puedo por menos que sonrojarme ante tamaña idea, siendo usted -y perdón por la autocita- autor del libro «Senado: propósito de enmienda» y I Premio de la Constitución Española, acto que se celebró en el actual Senado siendo presidenta Esperanza Aguirre. No sobrados con la traducción simultánea, Eurovisión en la aldea, pasta gansa, rebaño de payeses, mercachifles… quieren un Senado federal, que no sé lo qué es, con menos autonomía que landers, seguro. Dónde va a ir mi amigo Josep Maldonado i Gili, de Convergencia, que se pasa la vida viajando, de un lado a otro, y el otro día se le vio en el Caribe bañándose a la salud de Maduro. O el actual presidente, Pío García Escudero, que volvería a hacer planos en su estudio de arquitectura.

Mucho se ha escrito sobre el papel auténtico de la Cámara Alta, que tiene un papel de segunda lectura, sus enmiendas vuelven al Congreso, y la Cámara Baja decide en última instancia, caso distinto en la época constituyente, con una comisión mixta de ambas salas que tuvo la última palabra. En estos devaneos, el rol definitivo del Senado, el prestigioso jurista García de Enterría, autoridad en derecho administrativo, elaboró un informe que costó una pasta gansa en tiempos de Cecilio Valverde. No salió de lo de cámara de representación territorial, las regiones o nacionalidades. Hace falta, pues, imaginación positiva, a base de los viejos acreditados, los seniors, que tanta aportación hicieron durante los debates de la carta Magna elegidos por el Rey. No hacen falta tales designios. Suplían con creces al Consejo de Estado, el de Cuentas y al Tribunal de las Aguas.

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