Esther Esteban

Venezuela, libertad

Venezuela, libertad
Esther Esteban. PD

Ha sido un resultado claro, por mucho que los incondicionales que aún le quedan al dictadorzuelo de medio pelo, quieran hacer interpretaciones a la medida para no reconocer esa cifra mágica de los 112 diputados, que suponen una mayoría cualifica.

El resultado de las elecciones en Venezuela deja al chavismo en la cuneta, no sólo porque pierde la mayoría en la asamblea nacional, sino porque la derrota ha sido tan contundente que anuncia el preludio más tarde o más temprano de su ocaso.

En Venezuela soplan vientos de libertad y si el que manda todavía fuera un demócrata o lo más parecido a un mandatario lo primero que debería hacer es poner en libertad a los presos políticos.

La noche que se celebraron las elecciones tuve ocasión de coincidir en una televisión con el padre del opositor Leopoldo López, que malvive en una celda y esta condenado a catorce años de prisión sin haber cometido delito alguno, salvo el de defender sus ideas y querer que su país deje atrás una de las la etapas más negras de su historia.

Leopoldo hablaba de su hijo y de todo el sufrimiento de su familia con la esperanza de quien se ve a punto tocar el cielo que, para cualquier perseguido político, tiene dos caras la Justicia y la Democracia.

Estos días con ocasión de las elecciones se ha recordado la displicencia con la que Hugo Chávez solía tratar a Nicolás Maduro, que fue conductor de autobuses, sindicalista y guardaespaldas del propio Comandante: «Miren allí a Maduro, guapo con su traje, que ya no conducirá nunca más un autobús», dijo en 2006, cuando el todavía presidente era ministro de Asuntos Exteriores. ¿Porqué le eligió como sucesor se preguntaron muchos? Pues porque era su perrito fiel, un hombre que no tenía la más mínima iniciativa propia, pero que era capaz de asumir y defender a muerte cualquier capricho del líder.

¿Cómo olvidar aquellas alocución nada más fallecer el hombre que le hizo un hombre para la política donde dijo que se le aparecía en forma de pajarillo trino, trino?.

Una colega venezolana escribía que dos días antes de las elecciones. Nicolás Maduro dio la orden a los presidentes de Venezolana de Televisión (VTV) y de la Televisora Venezolana Social (Tves), que transmitieran la película ‘Disparen a matar’, en la víspera del 6 de diciembre. Lo hizo en una de sus insoportables alocuciones televisadas donde también ordenó la investigación de las empresas Heinz y el encarcelamiento de sus gerentes, por presuntamente haber paralizado la producción de pollo, uno de los alimentos que escasean en los supermercados. El «expropiese» que hizo famoso a su padre político, el lo ha convertido un encarcelese sin contemplaciones y en todos estos años ha habido demasiados muertos porque muchos, instigados por el régimen, han disparado a matar.

Sólo desde el inicio de la campaña el bloque de la oposición que compone la Mesa de Unidad Democrática (MUD) ha sufrido una decena de ataques por parte de grupos violentos. El 25 de noviembre moría de un disparo el dirigente de Acción Democrática Luis Manuel Díaz en un acto en el que se encontraba a poca distancia Lilian Tintori, esposa se Leopoldo López a quien la sangre de su compañero llegó a salpicarla. Muchos ha visto en estos hechos violentos la larga mano del régimen de Maduro y le han acusado de movilizar bandas armadas que han aparecido con pistolas, martillos y piedras en los actos políticos de la oposición. Ahora que sus adversarios se ha alzado con la victoria el tigre esta mas rabioso y es más peligroso que nunca. Por eso, aunque no le ha quedado más remedio que reconocer la derrota, seguro que no esta dispuesto a ceder fácilmente. Serán tiempos difíciles en una Venezuela arrasada económicamente, donde la vida vale poco pero las ganas de libertad mucho, muchísimo. Todos somos venezolanos.

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