Santiago López Castillo

Hijos de perra

Hijos de perra
Santiago López Castillo. PD

Es una de las expresiones más desafortunadas que ha parido el hombre. Quienes hayan tenido la suerte de ver el parto de una perra convendrán conmigo en que es un espectáculo de amor. Tuve la suerte de presenciar el alumbramiento de mi spaniel «Canela», que, después, sería acunada en libro de literatura. La delicadeza de estos animales a la hora de quitar la placenta y sus lametones lamiendo el pis de sus cachorros. Y, encima, va el rey de la creación vociferando lo de hijos de perra. No, mire no, so zopenco. El parto, como todo parto, es aliento de vida y esperanza.

Ahora nos llega la noticia de que se ha producido con éxito el nacimiento de siete cachorros mediante fecundación in vitro. No va a ser exclusividad de las personas, incluidas la alta alcurnia e incluso realeza. El hecho se ha gestado en la Universidad Cornell de Nueva York, y para ello hubieron de fertilizar un óvulo maduro con un espermatozoide para que salieran siete criaturas, siete, de la acreditada raza de los beagles, esos que llevan las orejas gachas y son muy independientes. Así, además del experimento, que se venía probando desde 1970, se combatían enfermedades hereditarias.

Es no solamente una gran noticia para los que amamos a los animales sino para la ciencia, que se ha pasado el tiempo ensayando con cobayas y ratones de mil colores, como vino denunciando el estudioso y animalista Jesús Mosterín, al que invité a mi programa «En Verde» de TVE basado en la Naturaleza con mayúsculas. Esta disquisición entre animales grandes y pequeños, el hombre es la mayor bestia en acepción peyorativa, nos lleva a la reflexión sobre el tamaño de la vida. ¿Quién es más: una ballena o una pulga? ¿Encierra menos muerte el zapatillazo a una cucaracha que el disparo de un rifle a un rinoceronte con pólvora del rey? ¿Me respetan más mis tórtolas turcas cuando me levanto a desayunar y me saludan desde el alféizar o que el jardinero entre en mi casa sin llamar y me llama hijo de puta…?

Reitero. Es una gran noticia el parto in vitro de esta perra que tenía derecho a la procreación y, por tanto, a la vida. Mi amiga Joaqui, que está en Guadalajara, quiere a su perra Clarita tanto o más que a la niña de sus ojos. María Estuardo, que se recuerde, fue al patíbulo dejándose sólo acompañar por su perro Charles King. Los animales, en fin, y no todos, para eso tenemos los piensos comerciales, matan únicamente por la supervivencia. Pero también he dejado de ver National Geographic con tanto depredador a cámara lenta. Se conoce, sin duda, que estoy muy mayor.

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