Esther Esteban

El invierno demográfico: De niños y muertos.

El invierno demográfico: De niños y muertos.
Esther Esteban. PD

En el primer trimestre de este año habido más muertes que nacimientos en España. El dato, dicho así, ha levantado muchos comentarios muy negros, sobre el futuro de un país, que dibuja una sociedad sin niños y por lo tanto una sociedad que, a futuro, no puede pagar las pensiones.

Para contrarrestar esta idea, el otro día la Vanguardia publicaba un interesante informe que daba la vuelta a estas oscuras perspectivas. Varios expertos en demografía consideraban que hasta hace muy poco la mortalidad en España era alta, morían muchos niños en los primeros años y la esperanza media de vida de la población a principios del siglo XX apenas llegaba a los 35 años, cuando ahora es de 83, es decir que en términos demográficos la situación ha cambiado, pero no es tan dramática como se puede esperar.

La media de hijos por mujer en España es en torno al 1,35, pero el problema al parecer no es el dato en sí, porque seguirán viniendo inmigrantes y por lo tanto, también cotizantes: «Que haya más fallecimientos que nacimientos no significa nada. Los que sí repercute es el desempleo. Está claro: si los jóvenes no tienen trabajo o tienen un empleo precario poco van ayudar a pagar las pensiones. Si hay un 24% de paro femenino el problema se multiplica, señalaba el sociólogo Pau Miret y no le falta razón.

Es evidente que en nuestro país la gente joven tarda en encontrar trabajo y, por lo tanto, cada vez se producen maternidades más tardías y se aleja la posibilidad de que las mujeres tengan más hijos. Todo los días oímos la necesidad urgente de compatibilizar la vida familiar y la vida laboral, algo que cuando llega la campaña electoral se conviene en una especie de «cantinela» que todos utilizan, pero que a la hora de la verdad cuando llegan al poder , casi todos olvidan.

Si de muestra vale un botón, hace unos días el juzgado de lo social número 13 de Madrid ha dictado de una sentencia por la que reconoce el derecho de un trabajador a flexibilizar, en un máximo de una hora, el horario de entrada, para poder llevar a su hijo a la guardería sin que esto le penalice. La sentencia viene dar a dar la razón a un padre, cocinero de profesión en un centro público, que pidió entrar después de las ocho de la mañana para poder dejar a su bebé en la guardería. La empresa alegó que a esa hora se empiezan a servir los desayunos y se ponen funcionamiento la cocina, por lo que no podía compatibilizar ese horario con el del trabajador en cuestión. Al final el juez ha dicho que «no pueden prevalecer las dificultades organizativas alegadas por la empresa sobre la protección jurídica de la familia que deben garantizar los poderes públicos» y ha añadido que «el derecho del trabajador debe prevalecer sobre la empresa al ser mínima la incidencia que pudiera tener el servicio». Es decir que el derecho a la familia está por encima del trabajo, pero este caso, que ha dado finalmente la razón al padre, es la excepción de la norma y ha tenido que pasar por los tribunales, cosa que no todos están dispuestos a hacer.

Trabajar por la conciliación sería un factor fundamental para que creciera la natalidad, como lo es las ayudas a las familias y que todas las instituciones se impliquen en la igualdad. Nacen menos niños sí, pero los jóvenes manifiestan su deseo a tener más de un hijo, por lo tanto algo falla.

De hecho la crisis ha empeorado alguna aún más el tema de la conciliación, la flexibilidad es inexistente y las ayudas escasas. Al final no se trata sólo de que haya más muertes que nacimientos sino de otros muchos factores que posibiliten un sociedad con mas niños, que en definitiva es una sociedad más próspera.

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